Fabián Ríos
Es importante caminar por las calles mirando todo lo que está en tu entorno como producto de la más sofisticada barbarie. Y no me refiero sólo a los vagabundos, porque se suele representar a la escoria citadina con estos sujetos –uno de ellos con la manía de sacarse el pene cuando ve niños rubios extasiados al ver el luminoso carrusel del centro. Hablo más bien de aquellas mujeres que suelen caminar por la alameda y las calles de los aparadores clasificantes, como si tuvieran la certeza de ser ellas, cada una, las más dignas del reconocimiento de pedantes y mamilas chicas con lentes oscuros y cigarrillos Lucky Strike en los labios –¿Es lo que se fuma hoy en día, no? por el sólo hecho de sentirse medianamente deprimidas ante el malestar de que ningún hombre que conozcan en esta ciudad será como la foto de Julio Cortázar clavada en el fondo de escritorio de sus pantallas –con gato y todo. Y es que para ellas, la suciedad es tan agradable como el más briago de los poemas de Bukowski, ¿Es esto barbarie o qué?
Digo, no es que estén llenas de tolerancia republicana hacía las manifestaciones exteriores de libertad de expresión o multiculturalismos o antisemitismos, lo que atrae de la barbarie a estas orgullosas lectoras son las migajas de cultura con las que construyen sus ideales. Ya no es la fantasía o el ensueño lo que las mueve a leer unas cuantas líneas de los escritores italianos, sino la certeza de que haciendo esto y manifestándolo con toda la carga de nostalgia posible se emanciparán de un mundo –de hombres inculto y vulgar. Por eso me gusta verlas borrachas y expulsando vómito del color de sus bebidas internacionales o llorando sin vergüenza con los tacones rotos, de alguna manera se ven más humanas, no por frágiles ni nada por el estilo, sino por feas.
Primeras damas todas aquellas que buscan a su príncipe azul; primeras damas todas las que voltean a ver la sonrisa del gato, las que en drogas creen estar persiguiendo al conejo blanco, el mismo que pone pastillitas en su bolso Cosmopolitan de Sex & the City y ellas fingiendo que en su bebida de T.V no hay nada más que burbujas. A mí me gustan las primeras damas, son las más divertidas en y para la industria, pero como leí por ahí: Sorry girl, you are not Alice and this is not wonderland.