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Home sweet home

Escalot

Ríos de asfalto partían las casas, los ríos eran partidos por camellones, árboles crecidos a capricho, sin cadenas estéticas. Bebedores protegidos por el foco de la tienda. Cuervos y buitres, éstos últimos uniformados, agazapados entre las sombras a la espera de alguien más vulnerable; en borrachos o niñas suelen eyacular su instinto carroñero. Los chacales habitan una oscuridad más densa, profunda, donde las aves de rapiña no se atreven a entrar.

Una cruz de solera y lámina en el final del callejón. La gota de parafina cayó en la mano vieja, las comisuras de sus arrugas fueron los ríos que llevaron el ardor hasta sus entrañas. Vio un hilo de sangre que terminaba en un hoyo  rojo, ahora parte de la cabeza de su hijo. Ése también fue el final de Marcos, Fabián y Juan.

Veladoras moribundas alumbran cruces de solera en cada una de las cuadras, como tétricos faroles de la  muerte omnipresente, tienen nombres e historias incrustadas entre un fierro oxidado que reta al olvido y siempre pierde, porque con los años y las penas las madres mueren: ya nadie retoca el nombre del finado. Se extingue.

Murmuran advertencias para algunos, para otros sólo silencios, pero normalmente indiferencias.
 
En la esquina de la capilla unos capullos de cruces florecen apretujados, con sus hojas aún brillosas por la pintura, homenajean el inevitable destino, pero sin dejar de rememorar la masacre de los Galanes, ejecutada por órdenes federales.

Aquí solemos comprar nuestra cruz desde crecidos, así podemos escoger a nuestro gusto, además, en mi caso “estoy muy flaco para estar vivo, pero muy gordo para estar muerto” y me confundo pensando si esto es en realidad vivir, porque la verdad no es agradable, muchas cruces, mucho gris, el mundo no es un buen lugar para vivir. Sobre todo los últimos días, todavía dicen “¡la cosa se pondrá peor!”.

Los viejos también dicen: “ya vendrán tiempos mejores” aunque ya ostentan la cruz casi en el pecho.

Viven de la ilusión hasta el último día. Y siguen bebiendo esperanzas en forma de tiempo.

Yo dudo que esto se componga.

Mejor me voy de una vez por mi cruz.

¡Chula que se va a ver!

In God we trust

Fabián Ríos

¿Ya vio el nuevo producto que revolucionará la forma de ir a la escuela en los suburbios norteamericanos? Se trata de la nueva mochila antibalas que salió al mercado desde la masacre de estudiantes en la escuela de Colombine en 1999 y que adquirió nueva popularidad comercial a raíz de la muerte de más de 20 personas, en su mayoría niños dentro de la escuela elemental Sandy Hook en Connecticut.
 
Connecticut.

Y es que lo único seguro en esos lugares del sueño americano es que te pueden disparar. Es un hecho constitucional. Un síntoma de la modernidad que vivimos hoy en día es que todo es potencialmente un antibalas. Una sociedad basada en la idea liberal del “Anyone can cook” también nos dice “Anyone can shoot” que sigue los mismos parámetros del argumento Disney que dice que si bien esta frase no significa que todo mundo puede dispararte, sí dice que el tirador puede salir de cualquier lugar, de un ghetto de negros o hispanos en las ciudades, de un espectador perturbado en las salas de cine, de la gloriosa armada estadounidense o del suburbio antes considerado uno de los más seguros del país.

La violencia que genera un país que construye el mundo a su imagen y semejanza, triplica sus víctimas por cada asesino, la eficacia también cuenta en una sociedad en donde la eficacia lo es todo. El derecho natural que el hombre tiene justifica el asesinato si su existencia neurótica depreda –al igual que todos­ por una mejor calidad de vida. Una sociedad de veteranos de guerra en cada una de las generaciones de las familias estadounidenses aplaude a los héroes que estructuran una filosofía del más apto cuya recompensa es el dominio mundial “The world is yours”, es un sociedad que se contradice –porque esto les es natural­ cuando llora a sus víctimas, y no es que no sean víctimas legítimas, sino que
por el hecho mismo de que lo son, la sociedad es una mejor sociedad, pues le demuestra al mundo entero que también, como en todos esos horrorosos países, tiene víctimas por quien lamentarse, y que además podrían hasta resultar más inocentes que las de todos aquellos lugares en donde las armas son una ilegalidad, pues el hecho de que estén tan disponibles hace de los tiradores asesinos una raza de locos ante los ojos del pueblo americano cuya confianza en Dios se imprime en dinero, las armas son para protección. Su maldad es una locura, son las personas más alejadas de Dios, pues aquí no hay desesperados, sólo perturbados patológicos, y las víctimas… bueno pues, ellos tan sólo estuvieron en el lugar y momento incorrectos.

El derecho natural en que basan la felicidad de su mítica economía, justifica la violencia como medio legítimo en la justicia de los fines, y el fin en la sociedad del espectáculo es la fama, santo grial de cada uno de los ciudadanos al norte de la frontera. La fama aquí es tanto para el tirado como para las víctimas.

Y para ser una mejor víctima las nuevas mochilas antibalas, que por tan sólo 235 dólares protege a tus hijos de un disparo de pequeño calibre. Nuestro negocio es la seguridad de tus hijos.

Querida Kitty:

Miércoles 10 de marzo de 1943

Querida Kitty:

Anoche tuvimos un cortocircuito, precisamente durante un bombardeo. No puedo librarme del miedo a los aviones y a las bombas, y me paso casi todas las noches en el lecho de papá, buscando allí protección. Es una niñería, lo admito, pero si tú tuvieras que pasar por eso… Los cañones hacen un estruendo de mil diablos, que nos vuelve sordos. La señora fatalista estaba a punto de soltar las lágrimas cuando dijo, con una vocecita quejumbrosa:
 
 -¡Oh, qué desagradable es eso que tiran!
 Lo que quería decir: “Me muero de miedo”. 

 Fragmento de El diario de Ana Frank

Elogio del plagio. El sampling como juego o acto artístico

Ariel Kyrou

1990. LOS GALLOS SE HAN APODERADO DEL BAILE. Una voz de profesor, se vuelve en un abrir y cerrar de ojos hacia las fies- tas piratas: «El sonido tradicional de los veranos ingleses...» Un avión despega. Se formula una pregunta: «¿Cómo era el cielo cuando eras joven?». Mientras suena la armónica de Érase una vez en el Oeste, pinchada sin la aprobación de Ennio Morricone, Rickie Lee Jones responde con su voz de diosa, que también se ha sacado furtivamente de alguna entrevista de la radio... Y la cantante de jazz habla de las nubes atercio- peladas de la Arizona de su infancia. Un sintetizador estilo Tangerine Dream hierve de placer al escuchar estas preciosas palabras repetidas sin cesar. Y el groove se completa con un redoble de percusión. Después de este loco minuto de natu- ralezas evocadas y fragmentos trascendidos, The Orb mete el ritornelo de Little Fluffy Clouds, esqueleto de rítmica dul- zura con una guitarra de contrabando, sisada esta vez a Electric Counterpoint de Steve Reich... 
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Leyendo a Elizondo en el Metro Tan cerca y tan lejos

Escalot

“Pero tú tienes que hacer un esfuerzo y recordar ese momento en el que cabe, por así decirlo, el significado de toda tu vida” Aquella oración fue un haz de luz penetrando la cerradura de la puerta tras la que se esconde. Recordó a sus amigos espiando por el orificio del baño de niñas. Su madre arreglándose al anochecer. Salió furtiva de la casa, vio a su padre preguntando en la mañana donde había ido. Después, su padre en aquel féretro brillante. Miró sus lágrimas caer en ese vidrio que los separaba, quizá se colaron al interior, quizá acariciaron la muerte.

La luz se apaga, la oscuridad absorbe los recuerdos por la misma cerradura donde entraron.

Letras con forma y orden, un par de hojas más; letras flotando en su pecera de papel, letras chocando contra el margen, formando distintas palabras, palabras que forman inexistentes oraciones, oraciones inexistentes formando recuerdos, recuerdos que causan divagaciones… ­ ¿Qué haces aquí Ernesto? Si sólo vienes a ver a Pamela, que te regale una foto y quédate en tu casa. El pizarrón está acá. ¡Mírame cuando hable! Dime la capital de Alemania. ­No. ­No sabes. Salte, lárgate de aquí. No te quiero ver en mi salón.

“O tal vez eres un hombre sin significado, un hombre inventado, un hombre que sólo existe como la figuración de otro hombre que no conocemos, el reflejo de un rostro en el espejo, un rostro que en el espejo ha de encontrarse con otro rostro. Eso es todo.” Resanar el alma. ­No, una foto no basta, no da el aroma, ni el bermejo de sus labios, he mirado fotos tan muertas, amarillas por la melancolía. ¿Qué va a saber usted? ¡tiene capitales por sentimientos!

“Quién es ese que en las noche nos invoca para su imaginación como la concreción de nuestro propio deseo insatisfecho?” ­Es Pamela. No puede ser. ­Alcánzala, sí es. Apúrate. ­Hola, ¿me recuerdas?

-No.

La noche, consuelo solitario para ver como se fue alejando, recordar su piel tensa pegada a los senos, la agitación sensual de ese amplio culo en cada paso, su golpeteo lo vibraba brevemente. Con lujuria decían ­No probarás su cálida humedad sobre tu piel… Cerradura sólo lúbrica para llaves de oro. 

La sábana lo acaricia, se restriega contra el colchón como los perros, Pamela. El relieve de la pantaleta en su falda. La caricia del solitario. El inútil intento del brasier por disimular sus pezones erectos. La mano ceñida. El movimiento de sus nalgas. El movimiento esculpido, escupido.

“nos besábamos virtualmente sobre la superficie de azogue…”

“No recuerdo nada. Es preciso que me lo exijas. Me es imposible recordar” ¡Chingaos! olvidé pagar la luz, ojalá no me la corten, pinches rateros, se va a cada rato pero tantito no pagas y te la dejan ir. “Sólo se ha grabado en mi mente una imagen, pero una imagen que no es un recuerdo” ¡Productos de alta calidá saca a la venta cacahuate japonessss. ­Hijos de puta. ­Dos por cinco, dos bolsitas de cacahuates cinco pesos! ¡Bonito regalo pa’ la niña pal niño. ­No me chinguen. ­Calcomanías de las princesasss… o de los los luchadoresss.

“Soy capaz de imaginarme a mí misma convertida en algo que no soy, pero no en algo que he sido; soy tal vez, el recuerdo remotísimo de mi misma en la memoria de otra que yo he imaginado ser” ­Por fin, ya lo tengo. Necesito firmar el acta y estará más que atado. ­Señora Pamela Jiménez, firme el acta si es tan amable. Los declaro: legalmente casados. ­Pinche Neto, está bien pendejo, cómo se fue a casar con la Pamela. Felicidades primo.

“Con el deseo de ser otra, hacia el fondo del pasillo donde inquieres siempre una misma pregunta haciendo caso omiso de ti misma; un cuerpo abandonado ante el espejo, de frente a un cuadro incomprensible, de espaldas siempre a quien te mira en esa fuga de ti misma que no admite mostrar tu rostro.” Los gusanos­ imágenes se comen los sesos, crecen hasta abarcarlo todo, se ven al cerrar los ojos, al abrirlos, al dormir, seguramente también al morir. Cierra los ojos, la luz se pierde unos segundos en el túnel. ­¿Ya se enteraron de la Pamela? ¿Que anda chambeando “panque”? hay que ir a formarle las manitas al bebé ¿no? ­Mejor, porque tu cara está muy culera cabrón. ¿Ahora, quién es el padre? No chingues, quién va a saber… ni ella sabe.

“¿porqué te has detenido?” Pinche vieja “porque” ya sabía, “se ha” todo “congelado” por “este” pendejo “momento”.

“Hay” tarde “miradas” se “que” me “pesan” ha “sobre” hecho, “la” “conciencia” chinga. “Q” m “u” e “e” ll “e” e “s” v “t” a “e” l “m” a “o” c “s” h “m” i “u” n “e” g “r” a “t” d “o” a “s”.

“Hay miradas que pesan sobre la conciencia. Es curioso sentir el peso que puede tener una mirada” ­¡Mírame cuando te hable! ¿verdad qué vas a cambiar tu vida cuando nos casemos? Ya te dije mil veces que sí, Neto, quiero empezar de nuevo. Verás que saldremos adelante, ya compré mi carro de tamales, ora por la derecha. ­Ya vas.

"Hay miradas que pesan sobre la conciencia”

“Una imagen borrosa, la nitidez de cuya verdadera significación, comprendida en la soledad y en el silencio, es capaz de hacerte gritar en mitad de la noche.” ¡Qué vieja tan buena! ¡No mames! Yo sufriendo por esta pendeja, y ve nomás de lo que te pierdes, pinche Neto. Si esa vieja me pelara, no no no no, otro pedo. Que rico culo, paradito paradito. ¡Cómo se traga el mayón! culo de manzana, de corazón, firme, chingaos. Qué más se puede pedir. Se la meto con todo y huevos. Ganas no me faltan de seguirla para ver dónde se baja.

Instantes amontonados; sueño, vida, muerte, verdad, ficción, inconsciencia, consciencia, yo, ella, nadie. ¿Dios?

Líneas disminuidas disimulan su falta de inicio y su final entreverado, nudos de realidades intermitentes forman una sola plasta amorfa de sentido, maraña de todo sobre nada, superposición de realidad y fantasía, muerte y vida, amor y odio. Se mimetizan hasta fundirse, creando un bosquejo de silueta sentada viendo a otra silueta sentada que también mira hacía dentro una vez más.

Los rostros de piedra ceñidos a su cadáver se mecen al ritmo del tren. Unos ojos te encuentran. No. No son los de Pamela. El hombre de enfrente se toca mientras ve a la adolecente del escote. Mira otra vez hacía adentro.

Recordó que no podía perder más tiempo, no podía seguir a nadie, ni a él mismo, si hasta su sombra lo había abandonado cuando abandonó su dignidad, cuando aceptó aquel empleo, cuando aceptó que nada tiene sentido.

Pamela, Pamela, Pamela

Pamela, Pamela, Pamela

Pamela, Pamela, Pamela. El nombre era un hilo raído que las unía…

Pamela enseñando el sentido mientras te mira con cuadros grises en su falda y mochila escolar. Pamela deslizándose en la sombras a la zaga del coche que la invitó a subir. Pamela con lágrimas de rímel y piel de maquillaje. Pamela con falda blanca, el satín traidor develó el abrazo negro de su pantaleta poseída por el roce de sus nalgas. “Sonríe de dolor” Pamela acercando su boca, el vaho lo estremecía antes de que bajara el cierre. La sierpe humedecida enredábase mientras su mano buscaba la cartera. “Fascinación. Fascinación y deseo” Pamela con su cuello de seno invadido por una lengua que se desliza con prisa, con placer desmesurado, como el beso del violador; húmedo, largo y desesperado, corrompida por unas manos que se aferraban con fuerza a sus nalgas y las jalaban contra sí mismas, al ritmo frenético de sus cuerpos involuntarios de gritos líquidos con el brasier deslizándose a su cintura por la vehemente avidez de los movimientos de las sombras que viste en el umbral de tu habitación.

“­¿Te hubieras entregado?" 

-Ella es igualita a Pamela. Tengo que conocerla. Si se baja en la siguiente estación juro que ahora sí le hablo.

Poeta

RC

Nombre es destino, ni hablar. Creo que nadie lo podrá negar una vez que me haya escuchado; es más ni siquiera necesita escuchar todo, le bastará con saber mi nombre. Debo advertir que mis pas me partieron la madre desde que me bautizaron en la Capilla del santo Malverde y me encomendaron a mi madrina la Santísima Muerte, mi niña blanca y sabia.

Mi padre era chingón entre los chingones, el problema es que yo ni quería seguir sus pasos y ni me preguntaron. No quiero exagerar, para qué, pero mi primer recuerdo es de mi apá y el Soldado quitándole la cabeza a unos cuerpos: lo hacían como quien prepara una torta o ayuda a hacer la tarea a su hijo. Por cierto, después me enteré de que Soldado pedía que le llamaran así en honor al santo Juan Soldado, injustamente fusilado hace un chingo de años para encubrir las cochinadas de militares de arriba, pero Diosito luego luego le dio permiso de andar cumpliendo milagros y peticiones… ¡pinche Soldado, a mí que chingaos me importan esas pendejadas! Pero me contó y no se me olvida esa historia.

Bueno, ver descabezados, amarrados, mutilados, secuestrados, y luego ayudar a descabezar, amarrar, mutilar, secuestrar, y luego andar escondiéndose de los balazos, aguantar los putazos, cobrar la lana, fajar cualquier vieja que a uno le guste, quemar el dinero a lo pendejo, todo eso era la vida. Buena vida, chingá. Además, no podía hacer otra cosa con este pinche nombre tan ojete, y pss ni modo de cambiar el nombre que es algo bien sagrado porque los jefes lo escogen y ni modo que ande uno por ai de culero negando y cambiando el primer regalo que nos dan… ah, pero mis jefes sí que me jodieron.

La verdad a mí me gusta un chingo pero un chingo eso de la rimada y la etspresión y la sentimentalera y andarle haciendo al chillón y decirle a las viejas cosas de esas bien mamonas que las hacen poner los ojos en blanco y hacerle al muy Sabines y al muy Quijote y decir que tu nombre me sabe a yerba y que puedo escribir los versos más tristes esta noche… ¡pinche Soldado, ese méndigo es el que tiene la culpa! Siempre me anda contando historias y en cualquier ratito lee libros y como que no es tan pendejo.

Pus a mí me da pena con mi pa, y me escondo para que no me vea leyendo o haciéndole al putito escribiendo puemas… ya me lo imagino: “ora, no sea joto y deje esas pendejadas, usté algún día va a tener que estar al frente del negocio, carajo, queme esas chingaderas o las quemo yo”. Pus ni modo que le explique… que le explique qué… ni sabría qué decirle… ¡pinche Soldado, nomás me anda embarcando en esto y ni me explica cómo explico!

Bueno, ya va a amanecer y, ustedes perdonen, todavía ni les digo mi nombre para que vean que por muchas ganas que tenga pus me tengo que aguantar, porque nombre es destino: me presento: soy Marco y mi vida es una tragedia, por eso el pinche Soldado me sugirió mi nombre artístico: Marcotrágico; qué mamón, por eso orita que está dormidito desnudo aquí conmigo lo voy a destapar para que le dé frío y vea que conmigo no se juega, chingá

Who wants to be millionaire?

Fabián Ríos

¿Cuántas son las posibilidades de que una bala perdida atraviese el techo de un cine y se impacte justo en la cabeza de tu hijo pequeño en una función llena de niños en donde se exhibe la  película animada del momento? Por supuesto mínimas, tan impensable es, que todo mundo da por hecho que las balas que las personas armadas disparan hacia el cielo dan en el blanco cuando en realidad caen en cabezas de niños y azoteas de casas familiares;llueven balas. Ahora, ¿cuántas son las posibilidades de que el cine en el que una bala atravesó el techo y se fue a dar a la cabeza del hijo de alguien  siga con la función programada sin reparo alguno de que afuera están lloviendo balas? muchas al parecer, es inminente, el espectáculo debe continuar, al fin y al cabo ya pagué por mi boleto, que cancelaran la función sería lo realmente indignante.

Exigimos puntualidad y perfección en el espectáculo que se lleva a cabo, no porque el espectáculo  sea bueno, sino por el espectáculo mismo. Gracias a él somos parte del gran todo económico del que resultamos un público crítico ¿Dudan que sea crítico? La capacidad receptiva del espectador es muchísima, podría pensar que conoce más datos sobre el show televisivo que cualquier erudito literario, hay más disposición por parte del consumidor del espectáculo ante el bombardeo de acaparadores y espectaculares que adoctrinan a la transeúnte por el sólo hecho de siquiera divisar el color azul del fondo del anuncio de celulares que representa al producto como amigable, el punto llega a tal que el público sabe cuando está siendo despojado de algo, cuando el show como lo conoce está en peligro de desaparecer; cuando peligra para el protagonista, el galán, su final feliz, no casarse con la dama puritana, no cumplir con las exigencias del padre y no ocupar el lugar al que está destinado; es un pequeño hormigueo en la nuca lo que los alerta -alguien trata de quitarnos lo poco que tenemos- . Ahí es cuando el público de verdad se manifiesta en contra de la villanía de un estado democrático real, la calidad de mercancía de la señora que acaba de comprar su pantalla plana con las tarjetas de prepago que le fueron otorgada –benditos sean- es la verdadera muestra de rebelión en contra de la tibia revuelta a la que estamos acostumbrados. La imposición del espectáculo es el heredero de la debilidad, tan débiles somos que preferimos ser absorbidos en aras de la fama, sin ella no puede haber un cambio, sería la nueva consigna, infiltrarse, pelear desde adentro parece lo más inteligente, cuando en realdad este adentro ya nos tiene un lugar reservado. El discurso transgresor se vuelve nulo cuando se hace espectáculo. 

Aquello que parece ser lo más abrumador es lo que nos conforma. El cinismo del público es idéntico al cinismo del espectáculo y el cinismo del rebelde sigue esta mimesisal plantearse la no violencia. El supuesto levantamiento de las consciencias estudiantiles a principios de año se conformó básicamente por el mismo hormigueo en la nuca del que solo se indigna cuando la película es interrumpida. El malestar de una clase venida a menos que repudia la injusticia del  despojado porque lo conoce, sabe lo mal que se siente una y otra vez cada que esa figura inmortalizada, picaresca e infinitamente honrada sostiene a su primogénito casi en cenizas, fruto del amor de “La chorreada”, el más puro y humilde de todos los amores. ¡Maldito gobierno! ¡Atenco no se olvida!

“El espectáculo es la pesadilla de la sociedad moderna encadenada que no expresa finalmente más que su deseo de dormir. El espectáculo es el guardián del sueño”, la sentencia de Guy Debord es clara, el aparato mediático es señalado como imagen sustancial del poder, a este paso los apresurados post-todo lo llamarán la caída de la lógica del capitalismo como lo conocíamos, pero es en realidad la forma más acabada del capitalismo como lo conocemos, el orden presente, su fetichismo, despunta en la conservación de lo ilusorio, conserva la inconsciencia a flote, muestra y sacraliza los deseos del público; en realidad se permite todo si en verdad lo deseas, la pregunta es simple Whowants to be a millionaire?

¿Qué hacer? No se trata de concesiones diría yo, no se trata de aperturas para opiniones alternas al discurso oficial, ni de hacer cercos para hacer malabarismos. Si la sociedad del  espectáculo es autoconservada en la figura de la primera dama, si el origen del espectáculo “es la pérdida de la unidad del mundo, y la expansión gigantesca del espectáculo moderno expresa la totalidad de esta pérdida” (p.8), si lo que bien se hizo  de entre nosotros los inconformes balbuceantes fue señalar al agresor, entonces la respuesta sería simple, Televisa debe desaparecer.

Non servus temporis

Marte

Hace poco me pregunté por qué me sentía incómodo al volver a caminar por mi edificio de la Universidad y ver a los polluelos entrar a las clases que yo tomé; no sólo es ver sus sonrisas y ganas de comerse al mundo, es que hasta la piel les brilla. Y estuve frente a ellos, a mis 24 años, pensando en arrugas prematuras, ojeras de borracho, y libretas de ideas en blanco. Descubrí que los escritores de ficción que incluyen viajes en el tiempo, cambios de cuerpo, y rollos mágicos, es porque en el fondo sus vidas son tan mediocres que quisieran tener el poder de cambiarlas, de preferencia sin esfuerzo, con una maravilla fácil, y lo proyectan en sus tramas.
 
Una vez vi en un documental una montaña de hielo quebrándose y hundiéndose, y supe que esa es la mejor imagen para representar el tiempo. Éste lleva una dirección, siempre es la misma. Querer tener una hora más para terminar un pendiente es como pretender que el bloque de hielo se quede suspendido a medio trayecto, o peor aún, que emerja del agua helada para incorporarse a la montaña y vuelva a desplomarse sólo hasta que estemos listos. La montaña de hielo se deshace en el punto que debe deshacerse dentro de la historia del universo (Ok, consulté con un amigo científico y dice que no puedo afirmar la imposibilidad de que el tiempo se revierta, que es una cosa debatible muy cabrona que ni Stephen Hawking puede determinar, pero ahondar no viene al caso).

Entonces me pregunté por qué a tanta gente nos deprime que se vaya haciendo tarde… Quizá sean patéticas, pero son muy reales las crisis de la edad: De los 20’s, “cuando pasas de los 25 te quieres matar”. La crisis de los 30’s, “cuando cruzas los 30’s volteas y ves que no eres todo lo que habías pensado que serías para los 30’s. La de los 40’s >>> Belleza Americana, es una película muy bonita –no, no haré una reseñita, véanla y se sabrá el motivo de la mención­. Como alguna vez oí en el radio, “si llegas a los 40 años y no la has hecho, ya no la vas a hacer”.

De los 50’s qué decir, los del último tren. La única soltera feliz a esa edad es Samantha Jones; y o cosechas triunfos en tu vida, o mínimo en la de tus hijos; de lo contrario eres un pobre diablo. Incluso los 15 años pueden llegar a tener su crisis, pero esos cambios son más agradables, pues duelen pero gustan: adaptarse al nuevo yo. En cambio las crisis anteriores, duelen pero duelen: adaptarse al caduco yo.

Uno puede poner atención a esto, que a fin de cuentas es lo que se ve y es medible (calendarios, relojes, tallas), y experimentar cada una de las crisis; o, por el contrario, puede estar ocupado en otras cosas sin pensar en ello, sin que importe -­no creo que José Saramago haya pensado mucho en sus ojeras o en su calvicie­-.

No se siente vergüenza ante la servidumbre. Un Señor puede mirar a los ojos y sin parpadear a los esclavos; ellos son quienes han de bajar la mirada cuando el Señor les dé órdenes. El Tiempo no puede ser tu Señor, cuando él es el amo no tiene piedad, puede maltratarte moral y físicamente; el tiempo nunca te paga, te cobra; es un jefe explotador que no te da vacaciones, ni hora de comida, y ciertamente no te deja salir con tus amigos, pues cuando sales con ellos no te deja en paz, telepáticamente tortura tu mente, pisa fuerte para que lo escuches pasar; es tiempo libre que nada tiene de libertad, no puedes disfrutarlo pues tu dictador te hace pensar que es tiempo muerto, y que tienes pendientes que no has atendido por estar en Facebook, que no mereces estar ahí. Las vacaciones no saben a vacaciones, no se puede descansar de descansar.

Si nos permitimos ser esclavos del tiempo, si sus años hacen con nosotros lo que desean, sentiremos humillación al mirarlo a los ojos, nos arrodillaremos ante un calendario y él nos pisará; sentiremos la nostalgia de los recuerdos, lamentaremos que nuestra piel ha perdido turgencia y radiación. Por el contrario, si desde jóvenes nos sublevamos, ¿por qué entonces sentir con pesar, que ya tenemos más años, si hemos hecho con el tiempo lo que hemos querido, si lo hemos usado como a un esclavo para favorecernos a nosotros mismos, si es un siervo del que hemos sacado provecho? Los individuos que han sabido ser amos sienten orgullo de sus años.

El golpe de estado que debemos dar no es al PRI, es a ese tirano llamado Tiempo, hagamos una revolución, la más importante, la Revolución Individual; esclavicemos al Tiempo, al Espacio y al Universo, robemos el trono.

El tiempo que invirtamos en el reinado propio es lo único que puede darnos satisfacción total; si otorgas tu energía a una causa que no lleva tu nombre, sea tu artista favorito, el partido político con el que simpatizas, una marca de ropa, México, etc., nunca serás Rey. El país no te hará grande, uno le vale verga al país, el país no nos hace, nosotros hacemos al país. Hay que dominar al tiempo para trabajar en una obra, y no por el país, sino por uno mismo. Siendo grande tú, puedes si quieres beneficiar a otros con tu grandeza, hasta a los desnutridos, hasta a México.

Llegará un momento final en el que México, después de haberte ignorado, diga “¡Ay sí, aquí está mi hijo predilecto!”, ¿pero por qué lo dirá? Porque habrás sabido dominar al Tiempo, y habrás trabajado en tu nombre. Tú tomarás el reconocimiento, responderás que siempre tuviste un ideal, que siempre quisiste beneficiar a la sociedad con tu pasión; sonreirás con un pensamiento “chinga tu madre, México, lo hice por mí, pero pues sí, date, di que fuiste mi cuna”. Nada más sincero, ¿o creen que hay mucha sinceridad en los spots? "Ay sí, gané en tal festival, y cuando gano en cine, gana todo México, gracias Felipe Calderón”. La gloria es personal. Jajaja.