Sale de mi garganta el recuerdo de las aves,
aquél que a los alacranes arrulla
y clama el territorio de los lobos.
Pareciera un presagio arrancado
de la pupila de un arúspice,
pero es un archipiélago náufrago,
inaudito.
Uno quisiera que así nada más
se desnudaran los ojos
como lámparas encendidas,
que brotaran capullos de aves en parvadas.
No saben
que se horadan las venas,
sientes un cárcamo
socavando tus entrañas
y la aorta te florece en llamas
y estás solo
y deambulas embrutecido de derrotas
y callas para no incendiar la casa.
A veces hay que poner la cara al polvo
y en el sigilo de una vela
hacer una canción crepuscular
para abrir las jaulas,
mirar la sinfonía de las alas,
llorar de tanto azul derramado
y clavar el sol en las ventanas.
Aparentar ser un tótem
siendo casa de cristales
y romperse irreparablemente con la lluvia.
La luz ramifica en las paredes
y canta la canción de los matices,
nosotros con las bestias dormidas
en la hierba portentosa,
intentamos no arrancar caparazones
ni lapidar a los beodos de sí mismos.
Parado estoy en la línea invisible
de la espuma y la arena.
Este audio tiene la finalidad de ser intervenido visualmente.
Es una conversación en lengua prehispánica entre dos mujeres, que fue “subtitulada” tomando como eje las esporádicas partes en español, y ha sido intervenida con algunos poemas del siglo XX. El guión surge a partir de la reflexión de que México históricamente ha sido configurado por capas, dándome en una lectura personal, la idea de México como un enorme palimpsesto cultural y de la INTENCIÓN de hacer dialogar el arte histórico con el arte contemporáneo.
Lo dejo a sus anchas, internauta.
Erandy Corvel 2014
Amigo, has muerto.
Tu familia te busca en un repertorio
de imágenes virtuales,
tratando de asir en secreto
tus cabellos ondulados con sus dedos
y de perdonarse a sí mismos
el último disgusto que te causaron.
De perdonarte que hayas muerto.
Quieren pedirte ayuda para su propósito,
que los veas tristes
llorando frente a la pantalla,
rasgándose la ropa,
y así hacerte volver.
Tu facebook es un vicario
donde regresan a la línea endeble
a verte fijo, indefinido.
(Quizás si se concentran… quizás).
Tus comentarios tienen tu voz
y tu risa en interjecciones
revive todo lo que para ellos eres
mientras Mark Zuckerberg lo permita.
Terrible muerte,
aquélla, que se llevó a cabo,
en el apacible espacio
existente entre
tus ojos y tus labios.
Como el rocío
en el pétalo por la mañana,
surgió así la lágrima
en el albor de tu mirada.
Como la gota abandonada
por la última lluvia
que se aferra al filo
de la rosa espinada;
esa lágrima tuya,
consciente del destino,
que a ella le esperaba,
tu rostro con fuerza sujetaba.
En las orillas donde muere, pálida, tu mejilla
y nace, en rubor, tu sonrisa;
ahí, serena, suspendida,
la lágrima agotada por la vida
de tu faz se desprendía.
La noche me vigila con sus millones de ojos
su mirada irradia eléctricos silencios.
Los colores huyen entintando la casa
con la negrura de su ausencia.
Han dado cuatro pasos las agujas
desde la media noche
seco por la vigilia
deambulo sediento
de beber el sueño fresco de las luciérnagas.
Un rayo invisible
que parte la nube de lo onírico
me mantiene biseccionado
y en el deslumbramiento enceguecedor de lo estático
la vigilia me moja los ojos
y me obliga a mirar dispersamente el vacío
vagar por los rincones donde se ocultan
las memorias amoratadas
hundirme manso y lento
en la espesa nebulosa
de tu vaporosa falta.
El tictaqueo acaudalado de los minutos
fluye de manera abrumadora
en el momento en que nada se oye
y los espejos escupen los desastres del naufragio
en el que habito.
Me apunto con el humo de plata
y me disparo rabioso
una bala expansiva de sueño
que perfora los sucios muros del laberinto síquico
en el que profano jadeante
tu piel abierta al tacto.
Antes de dormir inhalo
la esencia parda del encierro
con que la casa me devora.
Así será la única manera
de acallar tus demonios
que arden azules
en los bordes de mi cama encendida.
Lo dijo Vallejo en algún escrito:
“nacer es ir cayendo en un abismo”.
La muerte no conoce de heroísmo
y saber su razón siempre es un mito,
el obstáculo imparable, infinito.
La vida es un simulacro no un sismo,
uno tiende a exagerar el dramatismo
ahogándose uno mismo con su grito.
Sentido de la vida no hay ninguno,
“ir cayendo” es el único objetivo;
la triste excelsitud que tiene uno
de darle gran valor a un mal motivo,
he ir sabiendo como si fuera ayuno:
que somos nada en un espacio vivo.
Al fin tengo algo en la vida: La proyección de mis dientes desencajando las yugulares de mis contemporáneos creyentes del arte por el arte, del aura y de la escritura cuneiforme, codificada, monomaniaca, o no sé qué mamadas sublimes o "irreverentes" del mundo moderno, pos-moderno y últimamente vintage.