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Contraportada – Primera Dama webzine n° (7) DEl color del tiempo al mudarse

Si alguna vez me senté jubiloso sobre la tumba de los viejos dioses, bendiciendo al mundo, amando al mundo, junto a los monumentos de los viejos calumniadores del mundo (pues yo amo incluso las iglesias y los sepulcros de dioses, a condición de que el cielo mire con su ojo puro a través de sus derruidos techos; me gusta sentarme, como hierba y
roja amapola, sobre derruidas iglesias)…

Friedrich Nietzsche, Así Habló Zaratustra

Editorial Primera Dama

Usted, (buen) hombre de apariencia incierta, curiosidad retorcida y tendencias paranoicas, que camina en un vecindario parecido al mío y ve santiguarse a los muchachos frente a la imagen de San Judas, patrón de las causas imposibles, y sospecha de su criminalidad, usted que es prejuicioso y a la vez incapaz de tirar la primera piedra, usted nos agrada.

Usted que piensa  Bendito nuestro país rico en tradiciones y gente hospitalaria, mi casa  es su casa y pásele a lo barrido, mi México de playas hermosas y  envidiable gastronomía, de lengua me como un taco. Acá entre nos,  fuereño, mejor ni venga; usted cerciórese de tener su Primera Dama.

Sus  miedos y sus contradictorias posturas nos empatan, porque usted y yo  compartimos ciertos síntomas de una fétida enfermedad que por desgracia  no es pegadiza ni incurable; basta con ignorarla. Lo invitamos pues a la  autoexploración y a que, antes de que se cure, nos ofrezca de su pus y  colabore con nosotros.

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