Brevísima reflexión sobre el auto, el narco y la lengua

RC

Rigores aparte, suelen utilizarse como sinónimos los conceptos idioma y lengua.  Ambos refieren a la utilización de un sistema de asociación de sonidos,  ideas y gestos que utilizan las sociedades humanas entre sí para  comunicarse. Entiendo y comparto desde ya lo controvertido y arriesgado  que puede ser dar un intento de definición tan sencillo, pero para  complejidades entremos a textos especializados en lingüística. 

Para efectos de entendernos pronto y sin sentarnos a llorar por no  coincidir en definiciones rigurosas, les digo que me gusta más el  término lengua porque es una palabra con erotómana intención, medio  alburera de origen (lengua: me la paso por…), lúdica y lujuriosona. Pero  cuando se viste de seria, suele tener reglas que, más que estrictas,  son aclaratorias y muy lógicas.

Así que permítanme que esta  lengua rinconera reflexione acerca de la utilización de ella: si quieres  usarla bien, practica mucho.

Hay prefijos que forman  palabras tan famosas que esa nueva palabra utiliza el prefijo que le dio  origen y lo transforma en un prefijo nuevo, con todas las  características y usos de cualquier otro prefijo de rancio abolengo.  Como esto suena un poco enredado, lo ejemplifico para aclarar lo  aparentemente encriptado, y con tal fin me valgo del prefijo auto-, que significa “propio” o “por uno mismo”.

Cuando uno hace un retrato de sí mismo, produce un autorretrato (escribir las palabras retrato y autorretrato  me da pie para hablar acerca del uso de la doble r, aparentemente algo  sencillo pero utilizado muy deficientemente en el español escrito; será  en otra ocasión); si me controlo, tengo autocontrol; la autoestima  es una mina de oro para “escritores” que enseñan a potenciarla. Como se  puede suponer e imaginar, hay una cantidad muy grande de ejemplos del  uso del prefijo auto-. 

Una de esas palabras es automóvil,  cuya definición, según el Diccionario de la Lengua Española, es: “que  se mueve por sí mismo. Se dice principalmente de los vehículos que  pueden ser guiados para marchar por una vía ordinaria sin necesidad de  carriles y llevan un motor, generalmente de explosión, que los pone en  movimiento.” Se entiende el sentido del prefijo; sin embargo, al paso de  los años la palabra automóvil se volvió tan común y usual que,  tendientes al facilismo como somos todos los humanos, decidimos acortar  la palabra y dejarla en auto: “qué bonito auto nuevo; súbanse al auto  que ya nos vamos”. En ambas frases queda claro que se está hablando de  un automóvil, nadie podría confundirse y creer que se está hablando del  prefijo, sería un sinsentido.

No conforme con ello, esa nueva palabra acortada de la original, dio origen a un prefijo con un nuevo significado: auto-  como automóvil. Así, nacen las autorrefacciones, los autolavados (es  difícil imaginar que alguien piense, en los dos ejemplos anteriores, que  una persona está formando refacciones para sí misma o que hay locales  para que la gente vaya a “autolavarse”); es decir, ahora el prefijo auto-  ya tiene una nueva significación por el uso más común y extendido de  una de sus palabras formadas por su significado original.  

Algo similar pasa con el prefijo narco-, derivado de narcótico, que significa droga y también sueño  (como en narcolepsia). Así, tenemos a la policía de narcóticos, que  busca drogas escondidas, y tenemos a sus rivales: los narcotraficantes,  es decir, quienes trafican drogas. 

Gracias a la  increíblemente bien organizada, a prueba de fallos, incorruptible y  profesionalísima “guerra contra la delincuencia organizada” (como  rimbombantemente fue llamada esa suerte de volado contra la muerte que  se echó el gobierno de Calderón al enfrascarse en una batalla sin un  estudio logístico, sin cuerpos policiales competentes, sin estudios de  confianza al personal que intervino, en fin, una condena a la sociedad  inocente que acabó pagando con muchos litros de sangre y vidas la  incapacidad y la sed de protagonismo de unos cuantos estúpidos  egocéntricos, dipsómanos y ojetes), cada día la palabra narco se  va más, en el imaginario colectivo, a la figura de la persona que a su  origen etimológico. Así, tenemos que decir solamente narco, es  referencia necesaria al individuo que se dedica a traficar con drogas de  cualquier naturaleza.

Se ha adaptado tanto el nuevo  referente de esta palabra, que ahora ya narco se utiliza en una forma  inimaginada antes; ahora hay narcocorridos, narcotúneles, narcofosas y narcoquién-sabe-qué-más.  Por supuesto, sería tonto suponer que se refiere a canciones que hablen  de una medicina milagrosa o que hay fosas para sepultar alguna droga.
Para  concluir baste decir que los ejemplos anteriores son una buena prueba  de la evolución, adaptación y refrescamiento del idioma. El día en que  el lenguaje se quede estático, morirá.  

“La conjuración sagrada”, en Acéphale.

Georges Bataille

El hombre se escapó de su cabeza como el condenado de la prisión. Encontró más allá de sí mismo no a Dios, que es la prohibición del crimen, sino a un ser que ignora la prohibición. Más allá de lo que soy, encuentro a un ser que me hace reír porque no tiene cabeza, me llena de angustia porque está hecho de inocencia y de crimen: sostiene un arma de hierro en su mano izquierda, unas llamas similares a un sagrado corazón en su mano derecha. En una misma erupción reúne el Nacimiento y la Muerte. No es un hombre. Tampoco es un dios. No es yo, pero es más yo que yo: su vientre es el dédalo en el que se ha extraviado, en el que me extravío con él y me recobro siendo él, es decir, monstruo.”

Entrevista con el Capo Marcola

Fabián Ríos

Desde los delirios de los hombres salidos de los rincones más inhumanos que el bienestar de la nación deja como residuos o deshechos. Desde los olvidados que históricamente han heredado condiciones de clase humanas que rebasan el estatus de explotados e inauguran, con la llegada del más brutal analfabetismo el desarrollo de mentes desgarradas por la lógica del capitalismo bárbaro que alguna vez, ingenuo, prometió la igualdad de oportunidades para adueñarse del mundo, pero que dicha promesa tenía como aval el alma de los desposeídos. La furia de los desposeídos, del pobre al que sólo le queda el odio demente del humillado histórico, de los de abajo, del muerto de hambre que de pronto se ha apropiado del sistema en la medida en la que el sistema mismo ha creado al agente que usará su maquinaria –el consumidor­ bajo la misma lógica que estuvo impuesta desde el momento en el que el capital se develó como totalidad barriendo las sobras sociales al margen de toda dignidad humana. Y al heredarse como totalidad en su momento más contradictorio que es el momento en el que el capital mismo se engrandece con la miseria criminal y que es el mismo momento en el que todo (absolutamente todo) es abstraído bajo un precio siempre negociable; en ese momento se reencuentra con sus deshechos para, desde ahí, hacer del proletario y el campesino muerto en vida, un ser “Alterado” con sustancias que apaciguan su derrota y que agudizan sus sentidos como el más fiero depredador, un humano carnívoro despojado de toda racionalidad que no sea la que le procure el buen negocio.

Desde estos impulsos de violencia de un ser aprisionado que busca explotar lo antes posible se construye el cuento de un Capo que nos enseña como buen guía turístico el camino que la humanidad, en su pacto suicida con el sistema, ha trazado.

Lo importante es el discurso, inventado o no, que señala el síntoma de una infección lista para invadir los órganos vitales de la conciencia optimista de las buenas consciencias. Escuchemos pues las malas noticias para luego pensar en las posibilidades.

-Vos sos del PCC (Primero Comando Capital)?

-Más que eso, yo soy una señal de nuevos tiempos. Yo era pobre e invisible… ustedes nunca me miraron durante décadas… Y antiguamente era blando resolver el problema de la miseria… El diagnóstico era obvio: migración rural, desnivel de renta, pocas favelas, periferias ralas.

La solución que nunca venía… ¿Qué hicieron? Nada. ¿El gobierno federal alguna vez destinó presupuesto para nosotros? Nosotros sólo aparecimos en los desmoronamientos en el morro, o en las canciones románticas sobre la “belleza de los morros al amanecer”, esas cosas… Ahora estamos ricos con la multinacional del polvo. Y ustedes están muriendo de miedo… Nosotros somos el inicio tardío de vuestra conciencia social…

¿Viste? Soy culto… leo a Dante en la prisión.

-Pero la solución sería…

-¿Solución? No hay más solución, chabón… La propia idea de “solución” ya es un error. ¿Ya viste el tamaño de las 560 favelas de Río? ¿Ya anduviste en helicóptero sobre la periferia de São Paulo? ¿Solución cómo?

Sólo vendría con muchos billones de dólares gastados organizadamente, con un gobernante de alto nivel, una inmensa voluntad política, crecimiento económico, revolución en la educación, urbanización general; y todo tendría que ser bajo la batuta casi que de una “tiranía esclarecida”, que salte por encima de la parálisis burocrática secular, que pasase por encima del Legislativo cómplice (¿o vos creés que las 287 sanguijuelas van a actuar? Si bobean, van a robar hasta al PCC…) y del Judicial, que impide puniciones.

Tendría que haber una reforma radical del proceso penal del país, tendría que haber comunicación e inteligencia entre policías municipales, estaduales y federales (nosotros hacemos hasta tele­conferencias entre presidios…) Y todo esto costaría billones de dólares e implicaría un cambio psico­social profundo en la estructura política del país.

O sea: es imposible. No hay solución.

-¿Vos no tenés miedo de morir?

-Ustedes son los que tienen miedo de morir, yo no. Además, acá en la cárcel ustedes no pueden entrar y matarme… pero yo puedo mandar a matarlos a ustedes afuera… Nosotros somos hombres­bomba. En la favela hay cien mil hombres­bomba… Estamos en el centro de lo indisoluble, exactamente… Ustedes en el bien y yo en el mal, en el medio, la frontera de la muerte, la única frontera.

Ya somos otra especie, ya somos otros bichos, diferentes a ustedes. La muerte para ustedes es un drama cristiano en una cama, en el ataque al corazón… La muerte para nosotros es la presunción diaria, tirados en una zanja… ¿ustedes intelectuales no hablan de lucha de clases, de “sea marginal, sea héroe”? Bueno, es eso: llegamos, ¡somos nosotros! Ja, ja… ustedes nunca esperaron a estos guerreros del polvo, ¿no? Yo soy inteligente. Yo leo, leí 3000 libros y leo a Dante… pero mis soldados son todos extrañas anomalías del desarrollo rengo de este país. No hay más proletarios, o infelices, o explotados. Hay una tercera cosa creciendo ahí afuera, cultivándose en la llama, educándose en el absoluto analfabetismo, diplomándose en las cárceles, como un monstruo alienígena escondido en las márgenes de la ciudad.

Ya surgió un lenguaje nuevo. ¿Ustedes no escuchan las grabaciones hechas “con autorización de la Justicia”? Bueno, es eso. Es otro lenguaje. Estamos delante de una especie de post­miseria. Eso. La post­miseria genera una nueva cultura asesina, ayudada por la tecnología, satélites, celulares, Internet, armas modernas. Es la mierda con chips, con megabytes. Mis comandos son una mutación de la especie social, son hongos de un gran error sucio.

-¿Qué cambió en las periferias?

­Dinero. La gente hoy tiene. ¿Ustedes creen que quien tiene 40 millones de dólares como el Beira­Mar no manda? Con 40 millones la prisión es un hotel, un escritorio… ¿Cuál es la policía que va a quemar esta mina de oro, entendés? Nosotros somos una empresa moderna, rica. Si un funcionario vacila, es despedido y tirado al microondas… ja, ja.

Ustedes son el Estado quebrado, dominado por incompetentes. Nosotros tenemos métodos ágiles de gestión. Ustedes son lentos y burocráticos. Nosotros luchamos en terreno propio. Ustedes en tierra extraña. Nosotros no tememos la muerte. Ustedes mueren de miedo. Nosotros estamos bien armados. Ustedes van de tres octavos. Nosotros estamos en el ataque. Ustedes en la defensa. Ustedes tienen la manía del humanismo. Nosotros somos crueles, sin piedad. Ustedes nos transforman en superstars de cine. Nosotros los hacemos a ustedes payazos.

Nosotros somos ayudados por la población de las favelas, por miedo o por amor. Ustedes son odiados. Ustedes son regionales, provincianos. Nuestras armas y productos vienen de afuera, somos globales. Nosotros no nos olvidamos de ustedes, son nuestros clientes. Ustedes nos olvidan así como pasa la violencia.

-¿Pero qué es lo que tenemos que hacer?

-Voy a dar una avispada, aún contra mí. ¡Agarren a los barones del polvo! Hay diputado, senador, hay generales, hay hasta ex presidentes en los cárteles de cocaína y armas.

¿Pero quién va a hacer eso? ¿El Ejército? ¿Con qué plata? No hay dinero ni para el rancho de los reclutas.

¿El Ejército va a luchar contra el PCC y el CV (Comando p. 45 Vermelho)?

Estoy leyendo a Klausewitz, “Sobre la guerra”. No hay perspectiva de éxito… Nosotros somos hormigas devoradoras, escondidas en las márgenes… La gente ya tiene hasta armas antitanques… Si pelotudean, van a rolar unos Stingers ahí… Para acabar con nosotros, sólo tirando bomba atómica en las favelas… Además, nosotros terminamos tirando también “unita”, de esas bombas sucias precisamente… ¿Ya pensaste? ¿Ipanema radioactiva?

-Pero… ¿no habría solución? 

-Ustedes sólo pueden llegar a algún logro si desisten de defender la “normalidad”. No hay más ninguna normalidad. Ustedes precisan hacer una autocrítica de la propia incompetencia. Pero voy a ser franco… en la buena… en la moral… Estamos todos en el centro de lo indisoluble. Sólo que nosotros vivimos de él y ustedes… no tienen salida. Sólo la mierda. Y nosotros ya trabajamos dentro de ella. Mirá acá, hermano, no hay solución. ¿Saben por qué? Porque ustedes no entienden ni la extensión el problema. Como escribió el divino Dante: “lasciate ogni speranza voi che entrate!” Perezcan todas las esperanzas ¡estamos todos en el infierno!

Marcola

Autofagia

Testaverde

Escucha… ¿puedes oírlo?… es el vacío que llena el cuarto zumbando en tus orejas, metiendo en tus oídos sus dedos como dos gusanos que escarban hasta llegar a tu cerebro; es tan violento el rechinar de tus dientes que desde aquí puedo escucharlo. Esa agitación que sientes no es frío bajando por tu espina, es tu mano trémula; detente, no dejes de respirar, abre los ojos. La luz de la lámpara carcome tu retina, sólo necesitas estirar tu brazo y apagarla; aun así el cielo nocturno resplandece, la luz llueve por las ventanas, las paredes mismas escupen esquinas brillantes; cierra los ojos, no dejes de respirar.

Bien te lo dijo el médico: pasar en vela tres noches a la semana puede matarte, sobre todo si sólo duermes cuatro horas de las otras cuatro noches. Querías vivir del rock pero tu soberbia y el mundo jodido al que te tocó llegar hundieron tu barco miserablemente hasta este cuartucho; trasnochando los fines de semana en fiestas y eventos, malgastando las seis cuerdas de tu orgulloso bajo en malas imitaciones de la Banda Limón para poder darles de comer a tu mujer y a tu hijo, trabajando el resto de la semana hasta entrada la noche en componer y grabar canciones que nadie ha escuchado nunca. ¿A quién le interesa ver a un carcamal tocando música de carcamales? Sólo los locos escuchan rock progresivo. Abre los ojos.

Ahora que la noche es la noche otra vez, puedes andar a tientas por el cuarto. El arrastrar de tus pies descalzos alivia el silencio asfixiante, mas no la ansiedad; falta el ladrido del perro, la sirena ocasional, el tráiler cimbrando el pavimento.

Sales a la banqueta, arriba ves el cielo negro ausente de luna, abajo las casitas con sus ventanas oscuras formando un cuadro alrededor de algunos coches viejos, caminas lentamente hasta una de las esquinas para adentrarte en el andador estrecho; no hay ningún gato pardo, oculto entre los arbustillos apretados a las paredes, que salte con el rechinar de la pesada puerta de aluminio cuando la abres para salir a la calle. Tu sombra aparece y desaparece bajo tus pies con cada parpadeo del farol; quieres saber la hora pero tu reloj ha perdido las manecillas, así que das vuelta a la calle y llegas a la avenida. No hay un alma en la calle, sólo los autos parados en la vía como si sus choferes se hubieran evaporado y no quedara nadie para conducirlos; caminas entre ellos, te asomas por sus ventanillas, están vacíos, con las llaves pegadas. Entras en uno para sintonizar la radio pero estación tras estación tras estación es todo estática y cacofonía; sigues andando. Las paradas del metro también están abandonadas, no hay palomas que vuelen y se acurruquen en sus techos, los trenes están con las puertas abiertas de par en par o detenidos en mitad de su trayecto. Y sigues vagando bajo la noche negra.

Tus pisadas hacen eco en las ventanas de las casas vacías, son pasos de gigante resonando primero en esta calle, después en la otra; como si tus pasos ya no fuera el sonido de tus pasos si no de los de alguien más caminando por la calle perpendicular; y volteas en cada esquina esperando encontrarte con el dueño de esos pasos pero no hay nadie, solo tú, yendo a ciegas por la calle, siguiendo tu propio eco. En una de esas esquinas, al fondo de una calle angosta y oscura, ves una silueta dar la vuelta en la esquina, por un segundo pareció mirarte fijamente, justo antes de perderse tras el muro; corres con frenesí hacia aquel hombre (seguro era un hombre, piensas) dando alaridos, pero al dar la vuelta a la esquina lo ves alejarse indiferente a tus llamados.

En efecto, puedo escucharte, pero no me detengo, no todavía. Me deleito escuchando tu corazón desbocado, retumbando más afanoso y con más fuerza que tus pies sobre la banqueta acercándose a mí.

Jadeas y te apoyas sobre tus rodillas, yo paro, acorralado en un rincón oscuro del callejón, volteo y camino hacia la luz miserable que alumbra la entrada de una casucha, revelándome. Palideces cual cadáver, tus ojos se quiebran de angustia al ver que este rostro que tienes enfrente es el tuyo; la misma estatura, la tuya; el mismo cabello cano, el tuyo; la misma nariz ancha, la misma frente pronunciada. Buscas en mis ojos y encuentras tus ojos derramando cólera, pelando los dientes y echando espuma por la boca; te das cuenta entonces que el zumbido en tu cerebro se ha vuelto insoportable. Trastornado, consumido por el vértigo, hecho un animal furioso te lanzas de cabeza contra el espejo; pero no me quiebro, te recibo disparando mis puños en tu rostro, mi rostro. Nos trenzamos en voraz combate arrancando cabellos, tumbando dientes, quebrando huesos, mutilando. ¿Crees acaso que habrá algún vencedor al final de esta lucha? ¿Crees que podrás erguirte airoso tras desgarrar con la punta del pie tus entrañas y vomitar tanta sangre? ¿O será que podré ufanarme de sentir mi cabeza estrujada bajo el peso de mi pie? Atrapado en este remolino, condenado a morir por la propia mano.

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Uno de Esos Cuentos

Simón


La luz del sol se cuela por algunas de las formas que crean las tejas de mi cuarto, ya no existe ese olor desagradable a mierda, mis manos aunque un poco sucias, no parecen estar muy untadas, me levanto y trato de recordar lo que sucedió el día anterior. Recuerdo bien cómo me levante con una sensación similar, todo en la mañana fue como cualesquier otro sábado, crucé un par de palabras con ese culito y otras con los compas, compramos algo de comer y nos separamos.

Estuve trabajando un rato en la mañana, nada fuera de lo común, parecía un día más de vida, tan leve como insoportable, los planes en mi mente iban desde llegar temprano a casa e ir al cumpleaños de un amigo, hasta dormir tranquilamente en mi cama.

Fui a encontrarme con una parcera y dispusimos ir a terminar el día con el resto del parche en un evento que organizaron para recordar a los Comuneros. Allá comenzó el resto del día y la noche que llega, al son de música andina con interpretaciones de canciones como Baila Negra,  Señora Chichera y algunas de Carranga, nos fuimos prendiendo con los vasos de chicha y guarapo que iban y venían, al fin había muchos galones llenos y no teníamos que gastar ni un peso. Con el paso de las canciones y los bailes, fueron llegando otros parceros; Lapmard, Cami, Anna, Tian, Gonzo, tal vez Laura, la novia de Lampard, y Raúl.

Más y más chicha, y cuando se terminó todo el guarapo posible, mi estómago comenzó a llenarse de aire y de mierda, mierda blandita de chicha y guarapo, mierda de maíz fermentado. Igual seguí bailando y charlando con El autor recomienda escuchar Philip Glass – Mad rush part 1, mentras lees. Click aquí para
…mi estómago comenzó a
llenarse de aire y de mierda,
mierda blandita de chicha y
guarapo, mierda de maíz
fermentado
Lima, ella sabe que tengo novia, ella tiene novio, pero nos vemos con esa mirada que uno sabe, esa mirada que abre las puertas y las piernas también, con la que te dicen: ¡Dámelo! es lo que quiero, mételo hasta el fondo, te quiero dentro de mí y no quiero que salgas. La distancia que separaba nuestros cuerpos se hizo insignificante, y con el paso de las tonadas bailables nuestras piernas se fueron uniendo hasta formar un ser de cuatro piernas, mi erecto miembro rosaba plácidamente parte de su cadera y en algunos momentos su entrepierna; ella más me acercaba, yo traté de penetrarla por encima de su ropa, pero, así como iba la noche, ella no era la única que quería abrirme las piernas.

Model estaba también baja de tono, había terminado con su novio por intentarlo con Tian, lo que ella no sabía era lo que todos sí sabíamos; si al fin se la comieron, ella debió disfrutarlo, así que no tiene porque hacer remilgos. Bailamos una o dos veces pero no fue muy prometedor, cuando pudimos estar solos y charlar un rato alguien apareció, el único momento eufórico y previo a lo que se venía formando en mi estómago, fue cuando fuimos a una tienda a cambiar un billete, de regreso hablamos pura mierda, pero antes de llegar a la puerta la abracé y besé su cuello mientras ella suspiraba y gemía un poco tratando levemente de alejarme, sin éxito. Bajé mis manos hasta su cola, la apreté y luego separé sus nalgas, en ese momento puse mis dedos en su culo, claro, todo sobre el jean, le mordí el cuello y traté de meterle mi dedo corazón con su jean y los cucos por el ano, hasta el fondo, con mi otra mano apreté una de sus teticas, metí mi lengua en su boca hasta que ella me separó, nos miramos, acomodó su jean, estiró su blusa, me miró nuevamente y sonrió, tomó mi mano y seguimos hasta entrar y encontrar a los demás, luego se sentó junto a Tian y se quedo hablando con él. Ya entrada la noche, Lampard y Lura parecían alejados, tal vez ella estaba muy ocupada o él estaba entretenido tomando y bailando con nosotros.

Bailar con Lima es muy rico, además que ambos tratamos de entendernos, no sólo yo me acomodo a su estilo de baile, ella también se acomoda al mío, es muy bonita, sus cabellos parecen los risos dorados que describen en ese cuento del trío de osos, su piel es como la de Blanca Nieves con su harem de enanos sólo para ella, su boca como la de la Bella Durmiente a la que todos
…mi estómago comenzó a
llenarse de aire y de mierda,
mierda blandita de chicha y
guarapo, mierda de maíz
fermentado
se comen antes de despertar… roja, un rojo natural y vivo, su sonrisa… su cuerpo, es un poco gordita, eso no me importa. Me acerqué mucho con Lima, ambos sabemos que nuestros cuerpos desean el del otro, pero sin el momento ni el espacio todo va en declive, la pasión se convierte en compañía y el sexo en lujuria, un simple juego que ambos sabemos no concluirá esta noche. Andrés me llama y dice que está a unas cuadras del lugar, que si vamos a farrear, tiene su instrumento y quiere hacerlo sonar hasta que la noche termine, me animo mucho porque sé que nos entendemos y que la farra ahora sí apenas comienza.

Mi estómago ni siquiera se ha quejado, no me siento mal y apenas siento un poco de pesadez, este estado de prendidés a base de guarapo es delicioso. Llegó Andrés, vamos a por más guarapo y hablamos de varias cosas. Al rato salimos y pasamos la avenida, buscamos una calle sola, caminamos unas tres cuadras más. Durante el viaje, mi estómago fue cambiando, tal vez la música tenia tranquilo al animal que estaba a punto de salir y por eso estaba dormido y no lo sentía, pero para mi desgracia, justo cuando me dieron ganas de aprovechar la salida y orinar en el pasto, dejar fluir mis desechos naturalmente; con la naturaleza, se me vino el efecto retardado de tanto guarapo en mi organismo, perdió el control de sí , y mi intestino no quiso aguantar más, además de los efectos embriagantes del guarapo también se pierde el control sobre el cuerpo; cuando comencé a dejar salir la orina, sin previo aviso y por más que apreté el culo, se me salió un bollo y con el fluir de la orina otro…y otro más, tuve que adentrarme un poco más en el potrero y bajarme rápidamente los pantalones que no se desabrochaban por la correa de cuero que me apropié de mi papá, y soltar el chorro de churrias que sentí que había pasado a mi pantaloneta y temía que se notara en el jean que tenía puesto. Estaba borracho, ahora estaba consciente del estado en que me encontraba, estaba en un potrero cagando y orinando, casi sentado sobre mi mierda, con muchas ganas de copular y con los pantalones cagados, lo que me proporcionaba algo de placer, pues estaba descargando ya mi estómago, descansando al fin del peso que ocupaba esta mierda en mi interior y me hacía gracia dejarlos a todos tirados después que ya tenía planes de continuar la farra con el parche hasta el otro día. Me limpié como pude con todo el pasto que había a mi alrededor, hasta pensé limpiarme como los perros se limpian, arrastrando el culo en el pasto, pero preferí untarme las manos con mi mierda a base de maíz y tratar de limpiarme con más pasto las manos. El pasto tiene la propiedad de absorber mucha agua del suelo, por lo que al exprimirlo soltó algo de líquido con un olor muy característico que opacó el otro.

Me levanté, miré al cielo, tomé aire y solté un último pedo, subí mis pantalones, sintiendo la humedad de las churrias restregadas en mis nalgas con la pantaloneta. Fui a encontrarme con Andrés que estaba esperándome en la avenida, saqué la pipa, la taqué, nos echamos algunos plomes, traté de limpiarme un poco más las manos con el pasto del sitio y regresamos a la farra. Cuando entramos no olía a mierda, pero temía que yo no percibiera el olor y los demás sí, por lo que me despedí de quienes pude; un abrazo a Lima disimulando, para no tocarla con las manos, y luego me tomé de las manos con Model, lo que primero me pareció asqueroso, pero después vi que ya mis manos estaban secas, además pensé que se iría con Tian, así que ¿por qué no?, un beso en la mejilla a Mage, otro a Anna, abrazos a Checho y un adiós a Andrés, todos me pidieron que no me fuera, pero la pena me ganó. Mage pidió acompañarme pero la convencimos de que se quedara. No pude más que inventarme una llamada muy importante de la casa para que llegara esta noche, preferí subirme a un Transmilenio y oler a mierda allí donde nadie me conocía, que oler a mierda recalentada y seca estando con el parche.