Venancio

Sergio Miraflor

Él era mi amigo y les aseguro que yo lo quería, aunque fuera bobo, aunque fuera gallego, aunque fuera un lugar común. No comprendía los chistes que se hacían en su nombre, estaba complacido con la popularidad, era el hombre más feliz. Un día me decidí a explicarle que todos lo tomaban de tonto y que era el arquetipo de estupidez. Me llevó tiempo que comprendiera, pero al final lo logré y él se suicidó en pro de lo sublime.

Notas Suicidas

“A mis amigos
mi trabajo está hecho
¿para qué esperar?”
George Eastman. Inventor del rollo de
película fotográfica y fundador de la marca
Kodak.

Tuvimos un pacto de muerte

tengo que mantener mi parte del trato

Por favor que me entierren junto a mi bebé entiérrenme con mi
chaqueta de cuero, pantalones vaqueros y botas de motocicleta

Adiós

Sid Vicious (Simon John Ritchi). Bajista de
Sex Pistols

Frances y Courtney, estaré en su altar.

Por favor, Courtney, sigue adelante por Frances
por su vida que será  mucho más feliz sin mí.

Las amo, las amo.

Kurt Cobain. Vocalista y compositor de Nirvana
(fragmento final)

Estoy segura de que me estoy volviendo loca de nuevo.
Creo que no puedo ir a través de aquellos tiempos terribles.
Y no voy a recuperar este tiempo. 
He empezado a oír voces… 

Virgina Woolf. Escritora inglesa.
(La imagen no es la nota original)

Nota suicida de mujer de 15 años.

Home sweet home

Escalot

Ríos de asfalto partían las casas, los ríos eran partidos por camellones, árboles crecidos a capricho, sin cadenas estéticas. Bebedores protegidos por el foco de la tienda. Cuervos y buitres, éstos últimos uniformados, agazapados entre las sombras a la espera de alguien más vulnerable; en borrachos o niñas suelen eyacular su instinto carroñero. Los chacales habitan una oscuridad más densa, profunda, donde las aves de rapiña no se atreven a entrar.

Una cruz de solera y lámina en el final del callejón. La gota de parafina cayó en la mano vieja, las comisuras de sus arrugas fueron los ríos que llevaron el ardor hasta sus entrañas. Vio un hilo de sangre que terminaba en un hoyo  rojo, ahora parte de la cabeza de su hijo. Ése también fue el final de Marcos, Fabián y Juan.

Veladoras moribundas alumbran cruces de solera en cada una de las cuadras, como tétricos faroles de la  muerte omnipresente, tienen nombres e historias incrustadas entre un fierro oxidado que reta al olvido y siempre pierde, porque con los años y las penas las madres mueren: ya nadie retoca el nombre del finado. Se extingue.

Murmuran advertencias para algunos, para otros sólo silencios, pero normalmente indiferencias.
 
En la esquina de la capilla unos capullos de cruces florecen apretujados, con sus hojas aún brillosas por la pintura, homenajean el inevitable destino, pero sin dejar de rememorar la masacre de los Galanes, ejecutada por órdenes federales.

Aquí solemos comprar nuestra cruz desde crecidos, así podemos escoger a nuestro gusto, además, en mi caso “estoy muy flaco para estar vivo, pero muy gordo para estar muerto” y me confundo pensando si esto es en realidad vivir, porque la verdad no es agradable, muchas cruces, mucho gris, el mundo no es un buen lugar para vivir. Sobre todo los últimos días, todavía dicen “¡la cosa se pondrá peor!”.

Los viejos también dicen: “ya vendrán tiempos mejores” aunque ya ostentan la cruz casi en el pecho.

Viven de la ilusión hasta el último día. Y siguen bebiendo esperanzas en forma de tiempo.

Yo dudo que esto se componga.

Mejor me voy de una vez por mi cruz.

¡Chula que se va a ver!

In God we trust

Fabián Ríos

¿Ya vio el nuevo producto que revolucionará la forma de ir a la escuela en los suburbios norteamericanos? Se trata de la nueva mochila antibalas que salió al mercado desde la masacre de estudiantes en la escuela de Colombine en 1999 y que adquirió nueva popularidad comercial a raíz de la muerte de más de 20 personas, en su mayoría niños dentro de la escuela elemental Sandy Hook en Connecticut.
 
Connecticut.

Y es que lo único seguro en esos lugares del sueño americano es que te pueden disparar. Es un hecho constitucional. Un síntoma de la modernidad que vivimos hoy en día es que todo es potencialmente un antibalas. Una sociedad basada en la idea liberal del “Anyone can cook” también nos dice “Anyone can shoot” que sigue los mismos parámetros del argumento Disney que dice que si bien esta frase no significa que todo mundo puede dispararte, sí dice que el tirador puede salir de cualquier lugar, de un ghetto de negros o hispanos en las ciudades, de un espectador perturbado en las salas de cine, de la gloriosa armada estadounidense o del suburbio antes considerado uno de los más seguros del país.

La violencia que genera un país que construye el mundo a su imagen y semejanza, triplica sus víctimas por cada asesino, la eficacia también cuenta en una sociedad en donde la eficacia lo es todo. El derecho natural que el hombre tiene justifica el asesinato si su existencia neurótica depreda –al igual que todos­ por una mejor calidad de vida. Una sociedad de veteranos de guerra en cada una de las generaciones de las familias estadounidenses aplaude a los héroes que estructuran una filosofía del más apto cuya recompensa es el dominio mundial “The world is yours”, es un sociedad que se contradice –porque esto les es natural­ cuando llora a sus víctimas, y no es que no sean víctimas legítimas, sino que
por el hecho mismo de que lo son, la sociedad es una mejor sociedad, pues le demuestra al mundo entero que también, como en todos esos horrorosos países, tiene víctimas por quien lamentarse, y que además podrían hasta resultar más inocentes que las de todos aquellos lugares en donde las armas son una ilegalidad, pues el hecho de que estén tan disponibles hace de los tiradores asesinos una raza de locos ante los ojos del pueblo americano cuya confianza en Dios se imprime en dinero, las armas son para protección. Su maldad es una locura, son las personas más alejadas de Dios, pues aquí no hay desesperados, sólo perturbados patológicos, y las víctimas… bueno pues, ellos tan sólo estuvieron en el lugar y momento incorrectos.

El derecho natural en que basan la felicidad de su mítica economía, justifica la violencia como medio legítimo en la justicia de los fines, y el fin en la sociedad del espectáculo es la fama, santo grial de cada uno de los ciudadanos al norte de la frontera. La fama aquí es tanto para el tirado como para las víctimas.

Y para ser una mejor víctima las nuevas mochilas antibalas, que por tan sólo 235 dólares protege a tus hijos de un disparo de pequeño calibre. Nuestro negocio es la seguridad de tus hijos.

Querida Kitty:

Miércoles 10 de marzo de 1943

Querida Kitty:

Anoche tuvimos un cortocircuito, precisamente durante un bombardeo. No puedo librarme del miedo a los aviones y a las bombas, y me paso casi todas las noches en el lecho de papá, buscando allí protección. Es una niñería, lo admito, pero si tú tuvieras que pasar por eso… Los cañones hacen un estruendo de mil diablos, que nos vuelve sordos. La señora fatalista estaba a punto de soltar las lágrimas cuando dijo, con una vocecita quejumbrosa:
 
 -¡Oh, qué desagradable es eso que tiran!
 Lo que quería decir: “Me muero de miedo”. 

 Fragmento de El diario de Ana Frank