Marte

A continuación se presenta uno de los documentos recientemente robados al Vaticano. Datado en la primera mitad del siglo 1, apenas tres folios de papiro, sin título, roídos, pero a salvo; se les aprecia encapsulados en finas hojas de cristal. Hay mucho por decir y analizar, pero en este espacio nos limitamos a presentar la traducción del texto.
“…ello me anima. Nunca me atreví a contar a mi padre Joaquín, que aquella mañana de Sabbat antes de la aurora, mientras mi tía Sossana y yo sacábamos agua del pozo situado en el cruce de caminos en la entrada norte de Nazaret, vimos hacia oriente lo que nos pareció primero la llegada de un ejército de romanos; se trataba de un prodigio que derramaba vasta luz, así que luego comentamos, era el Sol arrancado de su curso.
No era el Sol, y no sé si eran soldados, a fe mía tenían una apariencia por demás contraria a lo que yo entendía por romanos, sus vestiduras eran como armaduras, y a su usanza, portaban unos cascos semejantes a lunas. Alguna vez el rabino me hubo hablado de que en oriente se tenían textos que hablaban de naves capaces de flotar a muchos pies del suelo hasta perderse en el cielo, vimanas eran llamadas por los habitantes de la India, echaban de sí torres de fuego, yo no sé si santo o siniestro.
De aquel carruaje salieron y vinieron a nosotras estos romanos, extranjeros, o seres, eran muy altos y muy hermosos. Uno de ellos elevó una especie de arco que sostenía con una sola mano, el objeto era capaz de lanzar alguna especie de flechas de metal con forma semejante a alguna almendra o baya; aquel ser hizo salir de esa arma tres “almendras”, una de las cuales atinó sobre el pecho de mi tía Sossana, quien cayó fulminada como por un rayo y comenzó a derramarse su sangre.
A mí me paralizaron, ni siquiera era capaz de gritar. Hicieron uso de alguna energía que nos hizo flotar, yo despegué las plantas de la tierra y Sossana se elevó acostada; todo esto sin tocarnos, me pareció que era por respeto de nuestra virtud, aunque no tardarían en demostrar otras intenciones. Nos introdujeron en el globo bruñido en el que se transportaban. Dentro, el suelo del vehículo era transparente, así que cuando se elevó a una altura inimaginable, pude apreciar la imagen del mundo con una forma esférica y gloriosamente azul.
El interior de ese carruaje divino, tenía muchas luces, sonidos, instrumentos de vidrio, líquidos, humos y máquinas de naturaleza enfermiza. Recostaron a mi tía en un camastro próximo al mío, uno de esos seres realizó el milagro de cerrar la herida abierta en su pecho y en ella volví a mirar movimientos de respiración y vida, el ser me miró con una sonrisa, como calmando mi expresión de miedo, entonces me habló, -¡Mira! Sea sanada esta mujer, tu tía Sossana, quien no nos es útil; ella no recordará nada de esto. Y escucha, tu parienta Isabel ha concebido un hijo, en su vejez, porque para Dios ningún suceso es llamado imposible. Y tú, no temas, María de Nazaret, has sido altamente favorecida y Jehová está contigo-. Comencé en ese momento a llorar porque todo era ajeno y parecía un sueño, sin embargo mi corazón se Espejismos en marte p. 19 | n°(0) arrodilló pues supe que era verdad y le hablé al que entonces tuve por un ángel, -Mi alma canta a la gloria de Dios, y mi espíritu se llena de gran gozo, pues Dios ha mirado en mi baja posición a su sierva-. El ángel respondió, -¡Mira! Concebirás ahora y darás a luz un hijo que dominará a los de tu género y especie, has de llamarlo Jesús. Este llevará nuestra sangre e intelecto pero será como ustedes, será grande y lo llamarán Hijo del Altísimo. El Creador le dará el trono y gobernará como rey para siempre, con él tomará más fuerza nuestro control sobre ustedes, y de su reino no habrá fin-.
Me quedé profundamente turbada, le dije. –He en mí a la esclava de Jehová. No entiendo cómo será esto, pues no he tenido coito con varón alguno, pero efectúese conmigo según tu declaración-. En ese momento me sujetó e introdujo en mi sexo aquella arma cilíndrica que era como un arco metálico, rompió e hizo sangrar mi honra. Escuché un ruido sordo, supe que dentro de mí una avellana de metal me estaba haciendo sangrar. Mis ojos vieron como si estuviera en el interior de un Sol y de la realidad no supe más.
Desperté tres días después, aunque el rumor general fue que había resucitado, me hallé a media sinagoga en mi propia pompa fúnebre, al incorporarme todos elevaron un clamor que se transformó en loas al Altísimo. Llegaron a mí mis padres Joaquín y Ana, a colmarme de abrazos, besos y caricias, se acercó incluso mi tía Sossana, quien parecía ignorar tanto como todos, asimismo hizo José, mi prometido. Entre los presentes vi a mi prima Isabel, quien llegó a mí y pude ver que efectivamente, a pesar de ser una mujer de edad, tenía aproximadamente seis meses de embarazo como me había anunciado el ángel. Ella me dijo, -¡Bendita eres tú entre las mujeres, y bendito es el fruto de tu matriz!-. En ese momento sentí náuseas y vomité los pies de todos.
[Lagunas en el texto.]
…iracundo como nunca lo vi. Joaquín amenazó a José con llevarlo ante la justicia si desconocía su paternidad, pues mi padre siempre estuvo convencido de que la primera o segunda noche de mi funeral, José tomó posesión de mi carne inerte ante su pecaminosa negativa a no gozar de mí por estar ya aparentemente muerta, deshonrando así los sacramentos y a todas mis generaciones. Mis padres creyeron que fue ello la causa de mi embarazo… [Lagunas en el texto.] …se celebraron nupcias, pero José procuraba guardar su enojo, y yo, tragar mis lágrimas… [Se hace ilegible el último papiro]


