

Mi maestra Vilchis
era bien ruda, pero
me curó el hipo


Christ, 1937
Lágrimas de albañil

Erandy Corvel
Los albañiles son expertos en hacer rollito las penas; una tortilla rellena de queso panela, un libro vaquero en el bolsillo del pecho, sobre el corazón. Se santiguan frente a sus cruces y a medio día sacan su fajito de esperanzas enrollado con una liga de goma para comprar un billete de lotería.
Si el sol está insoportable, buscan un oasis en el laberinto de su obra; un lugar planeado para ser recámara o baño, un sitio especialmente íntimo, como un arroyito alejado del mar de cal. Entonces se descubren el antebrazo, macizo y venoso como raíz de higuera, y confrontan a sus mujeres de papel que aúllan cuando el héroe del pueblo hace a un lado su moral y las monta. A los vaqueros de cemento, les sobran malabares mentales cuando eyaculan sobre dos redondeles sugeridos bajo una falda que bien podría ser mi falda, o sobre unos pechos gordos como los de sus suegras. Finalmente, se enrollan la verga en los calzones y se huelen las manos para verificar que siguen siendo ellos mismos. Cuando anochece, los ratones circundan la construcción buscando las migajas del queso panela y la simiente desperdigada, así procuran que sus crías sean una especie cada vez más fuerte.

-El jefe ya sabe que lo vienen a matar, pero dice que ya ha tumbado helicópteros antes, que para eso es la roca que nos da, para tumbar helicópteros del gobierno. Que tú al tiro, que ya bastante hiciste, que está muy agradecido, pero que mejor te pares aquí, cuando vengan les apuntas, tírales, y que por nada te muevas de tu lugar.





