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In God we trust

Fabián Ríos

¿Ya vio el nuevo producto que revolucionará la forma de ir a la escuela en los suburbios norteamericanos? Se trata de la nueva mochila antibalas que salió al mercado desde la masacre de estudiantes en la escuela de Colombine en 1999 y que adquirió nueva popularidad comercial a raíz de la muerte de más de 20 personas, en su mayoría niños dentro de la escuela elemental Sandy Hook en Connecticut.
 
Connecticut.

Y es que lo único seguro en esos lugares del sueño americano es que te pueden disparar. Es un hecho constitucional. Un síntoma de la modernidad que vivimos hoy en día es que todo es potencialmente un antibalas. Una sociedad basada en la idea liberal del “Anyone can cook” también nos dice “Anyone can shoot” que sigue los mismos parámetros del argumento Disney que dice que si bien esta frase no significa que todo mundo puede dispararte, sí dice que el tirador puede salir de cualquier lugar, de un ghetto de negros o hispanos en las ciudades, de un espectador perturbado en las salas de cine, de la gloriosa armada estadounidense o del suburbio antes considerado uno de los más seguros del país.

La violencia que genera un país que construye el mundo a su imagen y semejanza, triplica sus víctimas por cada asesino, la eficacia también cuenta en una sociedad en donde la eficacia lo es todo. El derecho natural que el hombre tiene justifica el asesinato si su existencia neurótica depreda –al igual que todos­ por una mejor calidad de vida. Una sociedad de veteranos de guerra en cada una de las generaciones de las familias estadounidenses aplaude a los héroes que estructuran una filosofía del más apto cuya recompensa es el dominio mundial “The world is yours”, es un sociedad que se contradice –porque esto les es natural­ cuando llora a sus víctimas, y no es que no sean víctimas legítimas, sino que
por el hecho mismo de que lo son, la sociedad es una mejor sociedad, pues le demuestra al mundo entero que también, como en todos esos horrorosos países, tiene víctimas por quien lamentarse, y que además podrían hasta resultar más inocentes que las de todos aquellos lugares en donde las armas son una ilegalidad, pues el hecho de que estén tan disponibles hace de los tiradores asesinos una raza de locos ante los ojos del pueblo americano cuya confianza en Dios se imprime en dinero, las armas son para protección. Su maldad es una locura, son las personas más alejadas de Dios, pues aquí no hay desesperados, sólo perturbados patológicos, y las víctimas… bueno pues, ellos tan sólo estuvieron en el lugar y momento incorrectos.

El derecho natural en que basan la felicidad de su mítica economía, justifica la violencia como medio legítimo en la justicia de los fines, y el fin en la sociedad del espectáculo es la fama, santo grial de cada uno de los ciudadanos al norte de la frontera. La fama aquí es tanto para el tirado como para las víctimas.

Y para ser una mejor víctima las nuevas mochilas antibalas, que por tan sólo 235 dólares protege a tus hijos de un disparo de pequeño calibre. Nuestro negocio es la seguridad de tus hijos.