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Soledad de baño

Simón

Ahora que la recuerdo, me da mucha risa saber que estoy cagando aire, ¿y ella? Estoy intoxicado por el agua que tomé en un viaje que hice hace unas dos semanas, luego se complicó con mi gastritis y hoy por fin pude cagar duro de nuevo, después de unos veinte días de diarrea y dos litros de suero oral, además de varios tipos de aguas que mi santa madre me brindó, muy preocupada por mis dolencias de salud. ¡Ah, cagar aire! … por cada bollo de mierda que expulso, cago entre seis y ocho pedos, muy sonoros, que no logro acallar por más que apriete nalga.

Ese día habíamos caminado gran parte de la ciudad, siempre de centro a norte; es la mejor opción si tu casa está por la sesenta y ocho. La había visto ya varias veces, y ella a mí, en el ambiente algo se concebía. Alguna vez dormimos juntos, muy locos, en cucharita, pero no fue mayor cosa, ese día éramos unos ocho o nueve en una carpa para tres y afuera estaba lloviendo, diluviando dirían algunos.

Tratamos de encontrar un lugar tranquilo donde sentarnos y fumar un porro, algo difícil en Bogotá, pero finalmente cerca a la Universidad Javeriana encontramos el sitio perfecto, uno sin policías y sin ladrones. Poca luz, no mucho frio, miradas cómplices, algún roce, pero nada, ni un beso siquiera. La sensación me gustó, saber que el deseo era mutuo me llenó de lujuria. Luego de un rato, agotados de caminar la ciudad sin un peso en el bolsillo y con un sólo porro para pasar el tiempo, bebimos agua de lluvia y continuamos la caminata hacia mi casa.

Mi padre aún estaba en la sala, medio dormido, con el televisor encendido y sintonizando algún canal nacional, tal vez algo de cine. Ya era la madrugada del sábado, comimos y nos arrunchamos un rato viendo una buena película ­Noviembre, para quien se interese­ ; no la terminamos y al fin yo tan cansado, pensaba dormir, descansar el cuerpo y prepararme para una mañana muy húmeda… pero esos no eran los planes de ella.

Al subir a la habitación nos sentamos en la cama, ella se quitó los zapatos y se metió bajo las cobijas. Yo lentamente me quité los zapatos y el pantalón, disfrutando la escena, mientras ella esperaba bajo las cobijas. Tomándome mi tiempo me dirigí hacia el suitch para apagar la luz, luego fui hacia la cama, me acomodé junto a ella, pasaron unos minutos mientras nuestros ojos se acostumbraron a la ausencia de luz y pudieron enfocar los ojos del otro, se acercó y nos fundimos en un beso largo, infinito, lúbrico, apasionado, carnal; mis planes de dormir habían cambiado completamente.

Se puso sobre mí y colocó las manos sobre mi pecho, yo posé las mías en sus nalgas que estaban en mi vientre y las apreté. Acomodados así, pude sentir su cálida vagina sobre mi erección (desde siempre su culo me ponía mucho; la primera vez que la oí cantar quise tomarlo entre mis manos ­soy de los que prefieren un culo grande a unas enormes tetas­, me alegra sobremanera este sueño realizado), le quité el pantalón mientras ella me quitaba la camisa, seguimos besándonos, su lengua y mi lengua se encontraban cada vez más húmedas, cada vez más saliva del otro rodeaba nuestras bocas, le quité el sostén y no la blusa, metí mis manos bajo ésta y apreté sus pequeños senos, ella me restregaba su vagina con nuestros interiores de por medio, ambos muy húmedos.

Me pidió que me pusiera encima, no aguanté mucho en juegos y le quite los calzones, ella bajó mi bóxer sólo lo suficiente. No me contuve más y la penetré hasta el fondo, estuvimos haciendo el mete saca un rato, y luego cambiamos de posición, de nuevo ella sobre mí pero ahora yo adentro. Comenzó a moverse… no había sentido tanta humedad en ninguna otra ocasión, sus fluidos corrieron desde su interior hasta mi pene, mis huevas y mi ano, esa sensación me puso tanto…

Ella partió muy pronto, a alguna parte del sur del continente, ya no alcanzó a verme intoxicado. Ahora seguro está entregándole sus placeres a otro, compartiéndole su sudor, expulsando un mar de fluidos. Yo, por lo pronto, seguiré riéndome aquí sentado en el trono1 por cagar aire.