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Lágrimas de albañil

Erandy Corvel

Los albañiles son expertos en hacer rollito las penas; una tortilla rellena de queso panela, un libro vaquero en el bolsillo del pecho, sobre el corazón. Se santiguan frente a sus cruces y a medio día sacan su fajito de esperanzas enrollado con una liga de goma para comprar un billete de lotería.

Si el sol está insoportable, buscan un oasis en el laberinto de su obra; un lugar planeado para ser recámara o baño, un sitio especialmente íntimo, como un arroyito alejado del mar de cal. Entonces se descubren el antebrazo, macizo y venoso como raíz de higuera, y confrontan a sus mujeres de papel que aúllan cuando el héroe del pueblo hace a un lado su moral y las monta. A los vaqueros de cemento, les sobran malabares mentales cuando eyaculan sobre dos redondeles sugeridos bajo una falda que bien podría ser mi falda, o sobre unos pechos gordos como los de sus suegras. Finalmente, se enrollan la verga en los calzones y se huelen las manos para verificar que siguen siendo ellos mismos. Cuando anochece, los ratones circundan la construcción buscando las migajas del queso panela y la simiente desperdigada, así procuran que sus crías sean una especie cada vez más fuerte.

Días de duelo

Erandy Corvel

Conocer a Juan coincidió con la muerte de mi
abuelo (el que me contaba cuentos de hadas y
me hacía el desayuno más delicioso. El que me
llevaba diario a Chapultepec luego de que mi
perro muriera). Pobre Juan, hacía todo por
sacarme del trance, sólo un esfuerzo sobre
humano pudo hacer amigable nuestra estancia
en esos días de duelo.
Collage: ODE-PRJM

Las feas

Erandy Corvel

Te invito a que me ames con una imaginación desmesurada y febril.

Tengamos un encuentro de palabras cómodas y tentaciones estoicas, que sin embargo lleve al clímax tu ambiciosa sed de conversaciones trascendentales.

No te arruinaré la cena con un rostro apetecible, ahórrate la energía del tartamudeo y las mariposas efímeras.

Nunca olvidarás el consuelo de besarme con los ojos cerrados y de amarme sin intermediarios.
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Collage: ODE-PRJM

Los Esclavos

Erandy Corvel

Los esclavos no tienen quien los quiera y se masturban.

Nadie lo creería, pero ellos también se hacen sus pajas. Entre sus delgadísimas piernas les crece un cuerno de rinoceronte y embisten al aire, sintiéndose libres y libertinos, hasta que se les vuelve rosa, morado, púrpura y finalmente negro, como originalmente era.

Naturalmente lo hacen a escondidas, cuando les toca dormir entre muertos, o cuando les queda un poco de espacio entre los vivos apilados y un paredón. Ocasionalmente, se topan con alguna mujer que los descubre y de lejos les lanza una reta con la mirada. Entonces ella acomoda los dedos en su cresta de gallo espoleado y se lo imagina a él arremetiendo ya no contra el aire, sino contra el hueco podrido y seco de su sexo.

Si después se encuentran entre las pilas de los vivos, no discuten quien ganó la partida, o quien terminó segundo, porque los esclavos prefieren hacer un cómplice y nadie puede discutir con ellos que eso y no otra cosa es el amor.

Te amo por puta

Arcano Don Rey

Te observo. Tus muslos ávidos espolean el intenso aroma del capricho que soporta tu carne. Él doma tu culo bajo la luz ajada que no lo intimida frente a mí. “¿Fiel? Nada de monosílabos” dijiste siempre. En cambio, interjecciones y gritos cuando alcanzan sus dientes la textura arrugada de tus escondrijos. ¿Te duele, amor?, ¿por qué conmigo te has quejado?, ¿será que, hay tanto que aprender de este insolente gentilhombre? Es mi turno y no puedo quedarme atrás; yo soy el que te ama, el que te concede estos desvaríos con tal de hacerte dichosa, mi vida. Y este señor, qué sabe de sacrificios y de duelos si la naturaleza ha sido tan benévola con él; te pone en blanco con ese tallo enorme que parecen diez. Es mi turno, es mi turno ya lo sé. Aunque pensándolo bien, tal vez lo elija a él, tan hábil que es. Si me lo permite el caballero, claro está, y al final espero no ofenderlo cuando le aclare que te amo, te amo a ti, mujer.

El Evangelio de la Virgen María

Marte

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A continuación se presenta uno de los documentos recientemente robados al Vaticano. Datado en la primera mitad del siglo 1, apenas tres folios de papiro, sin título, roídos, pero a salvo; se les aprecia encapsulados en finas hojas de cristal. Hay mucho por decir y analizar, pero en este espacio nos limitamos a presentar la traducción del texto.

“…ello me anima. Nunca me atreví a contar a mi padre Joaquín, que aquella mañana de Sabbat antes de la aurora, mientras mi tía Sossana y yo sacábamos agua del pozo situado en el cruce de caminos en la entrada norte de Nazaret, vimos hacia oriente lo que nos pareció primero la llegada de un ejército de romanos; se trataba de un prodigio que derramaba vasta luz, así que luego comentamos, era el Sol arrancado de su curso.

No era el Sol, y no sé si eran soldados, a fe mía tenían una apariencia por demás contraria a lo que yo entendía por romanos, sus vestiduras eran como armaduras, y a su usanza, portaban unos cascos semejantes a lunas. Alguna vez el rabino me hubo hablado de que en oriente se tenían textos que hablaban de naves capaces de flotar a muchos pies del suelo hasta perderse en el cielo, vimanas eran llamadas por los habitantes de la India, echaban de sí torres de fuego, yo no sé si santo o siniestro.

De aquel carruaje salieron y vinieron a nosotras estos romanos, extranjeros, o seres, eran muy altos y muy hermosos. Uno de ellos elevó una especie de arco que sostenía con una sola mano, el objeto era capaz de lanzar alguna especie de flechas de metal con forma semejante a alguna almendra o baya; aquel ser hizo salir de esa arma tres “almendras”, una de las cuales atinó sobre el pecho de mi tía Sossana, quien cayó fulminada como por un rayo y comenzó a derramarse su sangre.

A mí me paralizaron, ni siquiera era capaz de gritar. Hicieron uso de alguna energía que nos hizo flotar, yo despegué las plantas de la tierra y Sossana se elevó acostada; todo esto sin tocarnos, me pareció que era por respeto de nuestra virtud, aunque no tardarían en demostrar otras intenciones. Nos introdujeron en el globo bruñido en el que se transportaban. Dentro, el suelo del vehículo era transparente, así que cuando se elevó a una altura inimaginable, pude apreciar la imagen del mundo con una forma esférica y gloriosamente azul.

El interior de ese carruaje divino, tenía muchas luces, sonidos, instrumentos de vidrio, líquidos, humos y máquinas de naturaleza enfermiza. Recostaron a mi tía en un camastro próximo al mío, uno de esos seres realizó el milagro de cerrar la herida abierta en su pecho y en ella volví a mirar movimientos de respiración y vida, el ser me miró con una sonrisa, como calmando mi expresión de miedo, entonces me habló, -¡Mira! Sea sanada esta mujer, tu tía Sossana, quien no nos es útil; ella no recordará nada de esto. Y escucha, tu parienta Isabel ha concebido un hijo, en su vejez, porque para Dios ningún suceso es llamado imposible. Y tú, no temas, María de Nazaret, has sido altamente favorecida y Jehová está contigo-. Comencé en ese momento a llorar porque todo era ajeno y parecía un sueño, sin embargo mi corazón se Espejismos en marte p. 19 | n°(0) arrodilló pues supe que era verdad y le hablé al que entonces tuve por un ángel, -Mi alma canta a la gloria de Dios, y mi espíritu se llena de gran gozo, pues Dios ha mirado en mi baja posición a su sierva-. El ángel respondió, -¡Mira! Concebirás ahora y darás a luz un hijo que dominará a los de tu género y especie, has de llamarlo Jesús. Este llevará nuestra sangre e intelecto pero será como ustedes, será grande y lo llamarán Hijo del Altísimo. El Creador le dará el trono y gobernará como rey para siempre, con él tomará más fuerza nuestro control sobre ustedes, y de su reino no habrá fin-.

Me quedé profundamente turbada, le dije. –He en mí a la esclava de Jehová. No entiendo cómo será esto, pues no he tenido coito con varón alguno, pero efectúese conmigo según tu declaración-. En ese momento me sujetó e introdujo en mi sexo aquella arma cilíndrica que era como un arco metálico, rompió e hizo sangrar mi honra. Escuché un ruido sordo, supe que dentro de mí una avellana de metal me estaba haciendo sangrar. Mis ojos vieron como si estuviera en el interior de un Sol y de la realidad no supe más.

Desperté tres días después, aunque el rumor general fue que había resucitado, me hallé a media sinagoga en mi propia pompa fúnebre, al incorporarme todos elevaron un clamor que se transformó en loas al Altísimo. Llegaron a mí mis padres Joaquín y Ana, a colmarme de abrazos, besos y caricias, se acercó incluso mi tía Sossana, quien parecía ignorar tanto como todos, asimismo hizo José, mi prometido. Entre los presentes vi a mi prima Isabel, quien llegó a mí y pude ver que efectivamente, a pesar de ser una mujer de edad, tenía aproximadamente seis meses de embarazo como me había anunciado el ángel. Ella me dijo, -¡Bendita eres tú entre las mujeres, y bendito es el fruto de tu matriz!-. En ese momento sentí náuseas y vomité los pies de todos.
[Lagunas en el texto.]

…iracundo como nunca lo vi. Joaquín amenazó a José con llevarlo ante la justicia si desconocía su paternidad, pues mi padre siempre estuvo convencido de que la primera o segunda noche de mi funeral, José tomó posesión de mi carne inerte ante su pecaminosa negativa a no gozar de mí por estar ya aparentemente muerta, deshonrando así los sacramentos y a todas mis generaciones. Mis padres creyeron que fue ello la causa de mi embarazo… [Lagunas en el texto.] …se celebraron nupcias, pero José procuraba guardar su enojo, y yo, tragar mis lágrimas… [Se hace ilegible el último papiro]