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El delirio del Marqués de Sade

Sergio Miraflor

Un personaje incómodo siempre es bienvenido en la antesala del morbo. Actualmente asimilado, el Marqués de Sade en sus orígenes fue repelido por cuestionar la falsa integridad del ser humano. Luego de dos siglos de exponer  sus lúbricas aspiraciones, es representado sin velos en esta obra provocativa e incitante, en un escenario íntimo en el que nos compenetramos con la actuación intermitente del protagonista.

Es inevitable sentir que el dejo de perturbación en las butacas, es un atinado homenaje a Sade, y la alegría con que uno celebra la perturbación de ciertos mojigatos es invaluable.

 Guión: Luis Ernesto Navarrete
 Dirección: Laura Mirandé
 Última función: Domingo 30 de marzo
 Centro Cultural El Foco 

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Este audio tiene la finalidad de ser intervenido visualmente.

Es una conversación en lengua prehispánica entre dos mujeres, que fue “subtitulada” tomando como eje las esporádicas partes en español, y ha sido intervenida con algunos poemas del siglo XX. El guión surge a partir de la reflexión de que México históricamente ha sido configurado por capas, dándome en una lectura personal, la idea de México como un enorme palimpsesto cultural y de la INTENCIÓN de hacer dialogar el arte histórico con el arte contemporáneo.

Lo dejo a sus anchas, internauta. 

Erandy Corvel 2014

Creaturas

Erandy Corvel

Digo “yo” como si de mí se tratara siempre. Y lo digo con una certeza que últimamente me ha parecido aterrante, porque ellos usan la misma palabra para referirse a sí mismos. Yo es de todos. Pero ellos son como cualquier ratón que pulsa la palanca para obtener comida y eso les divierte. Creen tener el control y ponen puntos finales donde yo veo salvación. 
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Collage: ODE-PRJM

Días de duelo

Erandy Corvel

Conocer a Juan coincidió con la muerte de mi
abuelo (el que me contaba cuentos de hadas y
me hacía el desayuno más delicioso. El que me
llevaba diario a Chapultepec luego de que mi
perro muriera). Pobre Juan, hacía todo por
sacarme del trance, sólo un esfuerzo sobre
humano pudo hacer amigable nuestra estancia
en esos días de duelo.
Collage: ODE-PRJM

Las feas

Erandy Corvel

Te invito a que me ames con una imaginación desmesurada y febril.

Tengamos un encuentro de palabras cómodas y tentaciones estoicas, que sin embargo lleve al clímax tu ambiciosa sed de conversaciones trascendentales.

No te arruinaré la cena con un rostro apetecible, ahórrate la energía del tartamudeo y las mariposas efímeras.

Nunca olvidarás el consuelo de besarme con los ojos cerrados y de amarme sin intermediarios.
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Collage: ODE-PRJM

Los Esclavos

Erandy Corvel

Los esclavos no tienen quien los quiera y se masturban.

Nadie lo creería, pero ellos también se hacen sus pajas. Entre sus delgadísimas piernas les crece un cuerno de rinoceronte y embisten al aire, sintiéndose libres y libertinos, hasta que se les vuelve rosa, morado, púrpura y finalmente negro, como originalmente era.

Naturalmente lo hacen a escondidas, cuando les toca dormir entre muertos, o cuando les queda un poco de espacio entre los vivos apilados y un paredón. Ocasionalmente, se topan con alguna mujer que los descubre y de lejos les lanza una reta con la mirada. Entonces ella acomoda los dedos en su cresta de gallo espoleado y se lo imagina a él arremetiendo ya no contra el aire, sino contra el hueco podrido y seco de su sexo.

Si después se encuentran entre las pilas de los vivos, no discuten quien ganó la partida, o quien terminó segundo, porque los esclavos prefieren hacer un cómplice y nadie puede discutir con ellos que eso y no otra cosa es el amor.

Ellos tratan

Arcano

 

Amigo, has muerto. 

Tu familia te busca en un repertorio

de imágenes virtuales,

tratando de asir  en secreto

tus cabellos ondulados con sus dedos

y de perdonarse a sí mismos  

el último disgusto que te causaron.
  

De perdonarte que hayas muerto.
  

Quieren pedirte ayuda para su propósito,

que los veas tristes

llorando frente a la pantalla,

rasgándose la ropa,

y así hacerte volver.
 
  

Tu facebook es un vicario  

donde regresan a la línea endeble  

a verte fijo, indefinido.  

(Quizás si se concentran… quizás).
  

Tus comentarios tienen tu voz

y tu risa en interjecciones

revive todo lo que para ellos eres

mientras  Mark Zuckerberg lo permita.

La segunda venida

Sergio Miraflor

Ana se ajustó dulcemente los tirantes del brasiér y repartió de la forma más estilizada su cuerpo tibio en el sofá. En la espera activa de que por fin, su visión habitual atravesara la entrada del departamento, sus largos dedos con uñas decoradas a la francesa, brillaban como las chispas de un cuchillo afilándose, al resbalar por su clítoris. Una irrigación rosácea le correspondió, además del calor desesperado que le advertía bajar el ritmo para no traspasar el umbral antes de que llegara Ella.

Ella la encontró al punto, como quien mantiene el equilibrio con un solo pie, sostenida en el límite para no dejarse caer al cielo con autonomía. Le despegó los muslos como gajos de naranja y justo en el vértice, recogió con elegancia cada gota de zumo que pudo asir con la punta de su lengua, mientras sus dedos descubrían texturas internas.

Ana nunca abrió los ojos con tal de que todo fuera a su manera, y tan puntual lo logró, que cuando él quizo penetrarla, ya había salido de aquella alucinación. Entonces gimió fuerte con el fin de acelerar la eyaculación de su marido. Pensó que los niños pronto vendrían del colegio y no era obligación de la niñera presenciar semejante escena.

Se abrió de nuevo la puerta: naturalmente era Ella.

Querido Ángel:

Erandy Crovel

El abuelo no ha parado de hacer preguntas
insensatas; me parece que sospecha de las vocales
retorcidas y de las lúbricas violetas. Ya veré yo la
manera de aderezar su tetera.

La buena noticia es que Adelina ya mudó los
dientes y el ratón le ha dejado regalitos bajo la
almohada: un par de monedas de chocolate, un libro de
Oliver Jeffers y un dildo entrenador.

Mi madre no se acostumbra a tu ausencia y come
todo el tiempo las cuencas de sus ojos (no las de
mamá, bobazo, me refiero a las de él). Yo la
compadezco y la miro con todo lo que tengo para
mirarla sin vergüenza: mis reojos. Ha cambiado las
colchas de tu cama pensando que se lo agradecerás no
cogiendo ahí conmigo. Como si un día fueras a volver
con tu túnica de sal, con tus pasos de carnero.

Ayer la descubrí mirando tu fotografía al lado
del rostro del abuelo. Él dormía, por supuesto, pero
la comparación no le pareció agradable y lo
desenchufó del oxígeno. Hice que no miraba para que
no insistiera en que soy una impertinente, pero otra
vez me delataron mis reojos. “No te precipites a
darle sus mariposas al abuelo, ésa es tu mejor virtud,
Erandy (si así se le puede llamar a tu constante
manía de hacer estambres con lo prohibido). Él te lo
agradecerá saboreando la desdicha de extrañarlas”,
dijo nuestra madre.

“Erandy”, ¿no suena estúpido? ¿Nunca has
sentido vergüenza al presentarme por mi nombre?
Todo el mundo me ha llamado así desde hace 27 años y
no había reparado en lo cruel de esa situación. Es
irremediable, Ángel, en mi tumba estará este nombre
con el que yo no me identifico.