Archivo de la etiqueta: Galerista

Ser­-ahí

Fabián Ríos

Si los primeros recuerdos en la vida transcurren en una
guardería del gobierno, son grandes las posibilidades
de que el seno familiar tenga un olor burocrático que
hunde la memoria en una mezcla de aceleración en
picada y asqueroso betabel.

La caída se traduce en un malestar silencioso marca
Fobaproa, con el que la neurosis retoñó en la clase
media mucho antes de la agitación social presente, en
el tiempo crudo del 94 en México, año que tantos lomos
endureció en miras de un futuro sin el peso de la deuda
externa repartida en el espíritu de una nación.

¿Será que ya desde niño se presiente la crisis o por qué
el apuro de recoger catarinas de colores atrás de los
salones de maternal I, II y III?

Si la devaluación no fue profética, ¿Por qué el joven
Emilio de la guardería me mordió la nariz en un ataque
infantil de ansiedad? Arrebato que electrificó mis
neuronas y provocó lo que sería mi primer recuerdo.

La fuente de mis pensamientos está entonces marcada
por un desconsuelo carnívoro.

Aunque Emilio mordiera mi nariz en medio de un diálogo
democrático, en cuanto que balbuceante, en el Cendi
ninguna masacre priista me podía tocar, y lo único a lo
Ser­ahí
Fabián Ríos
que había que temer es al Quijote del
costal del otro lado de la barda.

El mugroso y viejo vagabundo causante de
una sensación de desconcierto aplastante
que años después conocería como “la
náusea”.

Lo que el futuro es para un niño se le olvida
en tres parpadeos, ésta es también la
razón de que el ejército zapatista se alce
en armas todos los fines de milenio desde
hace incontables milenios.

Pero ahora hablemos del betabel, ese
sucio tubérculo incrustado en mi memoria
como una espinilla; un desagradable
detalle que me dice que no soy un cerebro
programado en una cubeta.

La conclusión es que el futuro está
plagado de señales tan diversas como
colores de catarinas; es decir que en la
inconsciencia no vemos más allá de
nuestras propias narices, razón para
agradecer el desvarío del salvaje de Emilio
(que como Morfeo en The Matrix me arrojó
a la realidad).