
Si se revisa a contra pelo, uno podría llegar a la
conclusión de que la nueva política anti terrorista adoptada por la OTAN este
miércoles comenzó con el tour Dangerous
Woman de Ariana Grande, que alcanzó su momento cumbre el pasado 22 de mayo,
cuando el presunto yihadista Salman Abedi se hizo explotar al final del
concierto de la cantante estadunidense en el corazón de Inglaterra, que ante el
comunicado del Estado Islámico: “un soldado logró colocar una bomba entre las
multitudes cruzadas en Manchester”, se configuró como la representante de la fe
cristiana que junta a las multitudes de devotos entorno a un valle de lágrima,
o el epicentro de un atentado terrorista.
Al llegar de nuevo a Florida, la joven de 23 años era ya una
Dolorosa, había sido escenario de la intromisión de la violencia globalizada,
utensilio para gestar un plan mucho más grande que se entrelaza en la visita de
Donald Trump a Arabia Saudí, su llamado a aislar a Irán y la firma de
importantes convenios armamentistas con el rey Salmán, en Riad.
Mientras Ariana Grande se preparaba para cantar Leave Me Lonely, el presidente de
Estados Unidos y líderes musulmanes tocaban la “Tierra resplandeciente” (una
imagen perturbadora), a la vez que Trump declaraba que la guerra contra el
terrorismo no es una lucha entre distintas creencias, sino “una batalla
entre el bien y el mal”. Cerca de las 22:30, esa misma noche, ciudadanos concordaron
en haber sido testigos de “un fogonazo enorme, un estallido y humo”, un
designio bíblico acompañado del sonido de decenas ambulancias con destino al
Manchester Arena.

Ante la reconfiguración del entramado histórico en el
llamado económico al armamentismo: el plan para el aumento de los gastos en
defensa de los países de la OTAN en al menos dos por ciento de su Producto
Interno Bruto (PIB), hecho por Trump, la frase benjaminiana: “tampoco los
muertos estarán seguros ante el enemigo cuando éste venza y este enemigo no ha
cesado de vencer”, fue captada por una pieza que sale de la lógica trinitaria
trazada por el presidente estadunidense en su gira por Israel, Arabia Saudí y
el Vaticano: un mundo de hombres atravesado por Ariana Grande, the dangerous
woman, que aparece afligida y piadosa ante un nuevo viraje hacia la
barbarie, constante en la religión. En
tan devastador escenario, es esta estrella pop del mundo occidental la que habrá
de cargar con las 22 víctimas mortales del atentado terrorista, entre ellos
varios menores de edad que compartieron pósters, fotos, camisas e imágenes de
su deidad.

Las imágenes reveladas por el profeta británico Daily Mail muestran el doloroso regreso
a Florida de Ariana Grande, el martes después del atentado. La mirada
cabizbaja, el gesto de amargura debajo de sus enormes pestañas, una arruga
irreparable plasmada en su rostro resalta mientras baja por las escaleras del
avión coronada por su chongo maltrecho, el gesto pensante, sin duda una expresión
difícil de alcanzar en el mundo del espectáculo, pero recurrente en las vírgenes
retratadas en retablos flotando entre las ánimas del purgatorio, entre llamas,
como los fanáticos de la joven de 23 años que alcanzó a la fama en Nickelodeon.
Por cada #PrayForManchester compartido en redes sociales un
alma doliente sale de su martirio, así lo constató la nueva aparición de Ariana
Grande en el medio, a días del atentado, que ante las suplicas por fuerza y resignación
que le hicieron llegar en cartas sus fanáticos, decidió anunciar su regreso a
Inglaterra para un nuevo concierto en memoria de las víctimas, y es que en
cuanto a Hegel se refiere, Ariana Grande, así como la virgen Dolorosa, retorna
al lugar de sus penurias para encarnar su autoconciencia y posicionarse en su
lugar dentro del entramado histórico.
Desde la devastación y el duelo, lugar propicio en donde las
ideologías se baten por el alma del sujeto político, con su regreso al mundo
del espectáculo luego del bombazo Ariana Grande se reafirma en la realidad
económica por la que se pelea en este reino; su papel al regresar a Manchester,
la administración del sentir de las víctimas, una pieza fundamental para la
salvación mediante la aceptación y el entretenimiento: arquetipo de la
piedad en pleno siglo XXI.




