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Non servus temporis

Marte

Hace poco me pregunté por qué me sentía incómodo al volver a caminar por mi edificio de la Universidad y ver a los polluelos entrar a las clases que yo tomé; no sólo es ver sus sonrisas y ganas de comerse al mundo, es que hasta la piel les brilla. Y estuve frente a ellos, a mis 24 años, pensando en arrugas prematuras, ojeras de borracho, y libretas de ideas en blanco. Descubrí que los escritores de ficción que incluyen viajes en el tiempo, cambios de cuerpo, y rollos mágicos, es porque en el fondo sus vidas son tan mediocres que quisieran tener el poder de cambiarlas, de preferencia sin esfuerzo, con una maravilla fácil, y lo proyectan en sus tramas.
 
Una vez vi en un documental una montaña de hielo quebrándose y hundiéndose, y supe que esa es la mejor imagen para representar el tiempo. Éste lleva una dirección, siempre es la misma. Querer tener una hora más para terminar un pendiente es como pretender que el bloque de hielo se quede suspendido a medio trayecto, o peor aún, que emerja del agua helada para incorporarse a la montaña y vuelva a desplomarse sólo hasta que estemos listos. La montaña de hielo se deshace en el punto que debe deshacerse dentro de la historia del universo (Ok, consulté con un amigo científico y dice que no puedo afirmar la imposibilidad de que el tiempo se revierta, que es una cosa debatible muy cabrona que ni Stephen Hawking puede determinar, pero ahondar no viene al caso).

Entonces me pregunté por qué a tanta gente nos deprime que se vaya haciendo tarde… Quizá sean patéticas, pero son muy reales las crisis de la edad: De los 20’s, “cuando pasas de los 25 te quieres matar”. La crisis de los 30’s, “cuando cruzas los 30’s volteas y ves que no eres todo lo que habías pensado que serías para los 30’s. La de los 40’s >>> Belleza Americana, es una película muy bonita –no, no haré una reseñita, véanla y se sabrá el motivo de la mención­. Como alguna vez oí en el radio, “si llegas a los 40 años y no la has hecho, ya no la vas a hacer”.

De los 50’s qué decir, los del último tren. La única soltera feliz a esa edad es Samantha Jones; y o cosechas triunfos en tu vida, o mínimo en la de tus hijos; de lo contrario eres un pobre diablo. Incluso los 15 años pueden llegar a tener su crisis, pero esos cambios son más agradables, pues duelen pero gustan: adaptarse al nuevo yo. En cambio las crisis anteriores, duelen pero duelen: adaptarse al caduco yo.

Uno puede poner atención a esto, que a fin de cuentas es lo que se ve y es medible (calendarios, relojes, tallas), y experimentar cada una de las crisis; o, por el contrario, puede estar ocupado en otras cosas sin pensar en ello, sin que importe -­no creo que José Saramago haya pensado mucho en sus ojeras o en su calvicie­-.

No se siente vergüenza ante la servidumbre. Un Señor puede mirar a los ojos y sin parpadear a los esclavos; ellos son quienes han de bajar la mirada cuando el Señor les dé órdenes. El Tiempo no puede ser tu Señor, cuando él es el amo no tiene piedad, puede maltratarte moral y físicamente; el tiempo nunca te paga, te cobra; es un jefe explotador que no te da vacaciones, ni hora de comida, y ciertamente no te deja salir con tus amigos, pues cuando sales con ellos no te deja en paz, telepáticamente tortura tu mente, pisa fuerte para que lo escuches pasar; es tiempo libre que nada tiene de libertad, no puedes disfrutarlo pues tu dictador te hace pensar que es tiempo muerto, y que tienes pendientes que no has atendido por estar en Facebook, que no mereces estar ahí. Las vacaciones no saben a vacaciones, no se puede descansar de descansar.

Si nos permitimos ser esclavos del tiempo, si sus años hacen con nosotros lo que desean, sentiremos humillación al mirarlo a los ojos, nos arrodillaremos ante un calendario y él nos pisará; sentiremos la nostalgia de los recuerdos, lamentaremos que nuestra piel ha perdido turgencia y radiación. Por el contrario, si desde jóvenes nos sublevamos, ¿por qué entonces sentir con pesar, que ya tenemos más años, si hemos hecho con el tiempo lo que hemos querido, si lo hemos usado como a un esclavo para favorecernos a nosotros mismos, si es un siervo del que hemos sacado provecho? Los individuos que han sabido ser amos sienten orgullo de sus años.

El golpe de estado que debemos dar no es al PRI, es a ese tirano llamado Tiempo, hagamos una revolución, la más importante, la Revolución Individual; esclavicemos al Tiempo, al Espacio y al Universo, robemos el trono.

El tiempo que invirtamos en el reinado propio es lo único que puede darnos satisfacción total; si otorgas tu energía a una causa que no lleva tu nombre, sea tu artista favorito, el partido político con el que simpatizas, una marca de ropa, México, etc., nunca serás Rey. El país no te hará grande, uno le vale verga al país, el país no nos hace, nosotros hacemos al país. Hay que dominar al tiempo para trabajar en una obra, y no por el país, sino por uno mismo. Siendo grande tú, puedes si quieres beneficiar a otros con tu grandeza, hasta a los desnutridos, hasta a México.

Llegará un momento final en el que México, después de haberte ignorado, diga “¡Ay sí, aquí está mi hijo predilecto!”, ¿pero por qué lo dirá? Porque habrás sabido dominar al Tiempo, y habrás trabajado en tu nombre. Tú tomarás el reconocimiento, responderás que siempre tuviste un ideal, que siempre quisiste beneficiar a la sociedad con tu pasión; sonreirás con un pensamiento “chinga tu madre, México, lo hice por mí, pero pues sí, date, di que fuiste mi cuna”. Nada más sincero, ¿o creen que hay mucha sinceridad en los spots? "Ay sí, gané en tal festival, y cuando gano en cine, gana todo México, gracias Felipe Calderón”. La gloria es personal. Jajaja.

El Evangelio de la Virgen María

Marte

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A continuación se presenta uno de los documentos recientemente robados al Vaticano. Datado en la primera mitad del siglo 1, apenas tres folios de papiro, sin título, roídos, pero a salvo; se les aprecia encapsulados en finas hojas de cristal. Hay mucho por decir y analizar, pero en este espacio nos limitamos a presentar la traducción del texto.

“…ello me anima. Nunca me atreví a contar a mi padre Joaquín, que aquella mañana de Sabbat antes de la aurora, mientras mi tía Sossana y yo sacábamos agua del pozo situado en el cruce de caminos en la entrada norte de Nazaret, vimos hacia oriente lo que nos pareció primero la llegada de un ejército de romanos; se trataba de un prodigio que derramaba vasta luz, así que luego comentamos, era el Sol arrancado de su curso.

No era el Sol, y no sé si eran soldados, a fe mía tenían una apariencia por demás contraria a lo que yo entendía por romanos, sus vestiduras eran como armaduras, y a su usanza, portaban unos cascos semejantes a lunas. Alguna vez el rabino me hubo hablado de que en oriente se tenían textos que hablaban de naves capaces de flotar a muchos pies del suelo hasta perderse en el cielo, vimanas eran llamadas por los habitantes de la India, echaban de sí torres de fuego, yo no sé si santo o siniestro.

De aquel carruaje salieron y vinieron a nosotras estos romanos, extranjeros, o seres, eran muy altos y muy hermosos. Uno de ellos elevó una especie de arco que sostenía con una sola mano, el objeto era capaz de lanzar alguna especie de flechas de metal con forma semejante a alguna almendra o baya; aquel ser hizo salir de esa arma tres “almendras”, una de las cuales atinó sobre el pecho de mi tía Sossana, quien cayó fulminada como por un rayo y comenzó a derramarse su sangre.

A mí me paralizaron, ni siquiera era capaz de gritar. Hicieron uso de alguna energía que nos hizo flotar, yo despegué las plantas de la tierra y Sossana se elevó acostada; todo esto sin tocarnos, me pareció que era por respeto de nuestra virtud, aunque no tardarían en demostrar otras intenciones. Nos introdujeron en el globo bruñido en el que se transportaban. Dentro, el suelo del vehículo era transparente, así que cuando se elevó a una altura inimaginable, pude apreciar la imagen del mundo con una forma esférica y gloriosamente azul.

El interior de ese carruaje divino, tenía muchas luces, sonidos, instrumentos de vidrio, líquidos, humos y máquinas de naturaleza enfermiza. Recostaron a mi tía en un camastro próximo al mío, uno de esos seres realizó el milagro de cerrar la herida abierta en su pecho y en ella volví a mirar movimientos de respiración y vida, el ser me miró con una sonrisa, como calmando mi expresión de miedo, entonces me habló, -¡Mira! Sea sanada esta mujer, tu tía Sossana, quien no nos es útil; ella no recordará nada de esto. Y escucha, tu parienta Isabel ha concebido un hijo, en su vejez, porque para Dios ningún suceso es llamado imposible. Y tú, no temas, María de Nazaret, has sido altamente favorecida y Jehová está contigo-. Comencé en ese momento a llorar porque todo era ajeno y parecía un sueño, sin embargo mi corazón se Espejismos en marte p. 19 | n°(0) arrodilló pues supe que era verdad y le hablé al que entonces tuve por un ángel, -Mi alma canta a la gloria de Dios, y mi espíritu se llena de gran gozo, pues Dios ha mirado en mi baja posición a su sierva-. El ángel respondió, -¡Mira! Concebirás ahora y darás a luz un hijo que dominará a los de tu género y especie, has de llamarlo Jesús. Este llevará nuestra sangre e intelecto pero será como ustedes, será grande y lo llamarán Hijo del Altísimo. El Creador le dará el trono y gobernará como rey para siempre, con él tomará más fuerza nuestro control sobre ustedes, y de su reino no habrá fin-.

Me quedé profundamente turbada, le dije. –He en mí a la esclava de Jehová. No entiendo cómo será esto, pues no he tenido coito con varón alguno, pero efectúese conmigo según tu declaración-. En ese momento me sujetó e introdujo en mi sexo aquella arma cilíndrica que era como un arco metálico, rompió e hizo sangrar mi honra. Escuché un ruido sordo, supe que dentro de mí una avellana de metal me estaba haciendo sangrar. Mis ojos vieron como si estuviera en el interior de un Sol y de la realidad no supe más.

Desperté tres días después, aunque el rumor general fue que había resucitado, me hallé a media sinagoga en mi propia pompa fúnebre, al incorporarme todos elevaron un clamor que se transformó en loas al Altísimo. Llegaron a mí mis padres Joaquín y Ana, a colmarme de abrazos, besos y caricias, se acercó incluso mi tía Sossana, quien parecía ignorar tanto como todos, asimismo hizo José, mi prometido. Entre los presentes vi a mi prima Isabel, quien llegó a mí y pude ver que efectivamente, a pesar de ser una mujer de edad, tenía aproximadamente seis meses de embarazo como me había anunciado el ángel. Ella me dijo, -¡Bendita eres tú entre las mujeres, y bendito es el fruto de tu matriz!-. En ese momento sentí náuseas y vomité los pies de todos.
[Lagunas en el texto.]

…iracundo como nunca lo vi. Joaquín amenazó a José con llevarlo ante la justicia si desconocía su paternidad, pues mi padre siempre estuvo convencido de que la primera o segunda noche de mi funeral, José tomó posesión de mi carne inerte ante su pecaminosa negativa a no gozar de mí por estar ya aparentemente muerta, deshonrando así los sacramentos y a todas mis generaciones. Mis padres creyeron que fue ello la causa de mi embarazo… [Lagunas en el texto.] …se celebraron nupcias, pero José procuraba guardar su enojo, y yo, tragar mis lágrimas… [Se hace ilegible el último papiro]