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Música de balas (No Signal – Primera Dama)

Música de Balas

Hay un tipo de teatro con el cual uno se deja llevar por las acciones y se pierde en el velo estético con la pretensión de una sublimación que adormece y  despega de la realidad, uniendo al público presente con el escenario y sus actores, brindándonos momentos casi terapéuticos.

Música de balas y el teatro documental de donde viene, no es un teatro de este tipo.

Sin más tela que la realidad sombría de la violencia que un país vive,  Música de balas nos aleja de la identidad teatral y nos arroja a la  vivencia de la barbarie; nos muestra a las víctimas de una guerra sin  cuartel que asalta al escenario para hacer una denuncia. Y una denuncia  en un país  temeroso,  vale más hoy en día, que la más inconsciente de  las sublimaciones.     
Investigación: Fabián R.

Realización:Ni que fuera un monstruo

NO Signal México para Primera Dama 2014
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Viaje al centro del Torito

Escalot

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Pareciera que después de ir a un bar, sólo quedan tres caminos; seguir emborrachándose, ir a dormir, o ir con alguien a no dormir, mas el gobierno no satisfecho con el hedonismo y aparentemente preocupado por sus ciudadanos, hizo un cuarto camino: encerrar a todo aquél que tome alcohol y conduzca. El lugar de encierro se ha convertido en el némesis del borracho, ya sea del que toma coñac o del que tome cañac. Se rumoran infinidad de mitos urbanos alrededor de aquel siniestro lugar llamado “el Torito”, eufemísticamente, ya que en realidad, lleva el nombre de “Centro de Readaptación Contra Las Adicciones”.  Al final del reportaje sabremos si hace honor a su nombre.

Es verdad que tomar alcohol en exceso puede causar accidentes fatales, al ebrio como a los no ebrios. Lamentablemente la medida con la que están calibrados aquellos aparatos es  polémica. Hay hombres que llegan tan ebrios que van despertando hacia el final de su condena, en cambio otros,  llegan tan sobrios que sufren cada minuto de encierro. Ya lo dijo Cerveza –Si apenas acababa de cumplir mi juramento y que me echo  una  chela, namás fui a dejar a mi vieja y que me agarran. Cabe mencionar que decía la verdad, estaba tan sobrio que daba tristeza. 

Sólo como nota práctica a los lectores;  no se debe soplar más de una vez el mismo popote porque aumenta en gran medida la probabilidad de detención. Obviamente nunca te lo dicen ¿acaso se beneficiarán en algo? A decir verdad sí, ya que sólo pueden ingresar un cierto número de detenidos,  el gobierno no les puede salvar la vida a todos los borrachos, tiene su límite (sólo los afortunados). Pero nada es gratis, porque tendrás que pagar el arrastre del  auto al corralón, los días de piso, por si fuera poco, si te falta alguna tenencia, deberás pagar más de doscientos pesos de mordida a nuestros salvadores. Aunque cómo reprocharles, ¡dicen que lo hacen por nuestro bien!

No hay por qué preocuparse por maltratos policiacos. No te ven como delincuente,  comprenden, y se identifican con tu alcoholismo o tu mala fortuna, que los aqueja por igual. Incluso te dan consejos durante el traslado –no ti conviene pagar amparo, güero, pss, de cualquier forma tienes que pagar tus horas de arresto, mejor aguántate, o de que vayamos por ti a tu chante, pus ta gacho… ¿Un cigarrito?  Posteriormente se confirma su buena voluntad, ya que antes de entrar acechan abogabuitres con promesas de libertad, sólo necesitas tres mil pesos (Cerveza pagó, y sólo salió tres horas antes de su cumplir su castigo, y tendrá que regresar a pagarlas).

Lamentablemente no todo es amabilidad en el recinto  de sobriedad, ya que es dominado y administrado extrañamente por una empresa de seguridad privada, parece que les pagan sólo por gritar y gruñir. Primero se da una plática de bienvenida donde te despojan de tus pertenencias, anotan cuáles eran, cuánto efectivo, tipo de celular, y demás,  para regresártelo al final. A Whisky al salir y reclamar sus pertenencias le faltaban doscientos pesos. Reclamó, pero,  ¿qué podía hacer?, ¿levantar una denuncia? Lo que uno quiere es largarse, solamente.

–¡Pinches rateros!

–Cállate, cabrón, o te metemos de nuevo y a la chingada.

El siguiente paso del proceso es la visita al médico jurista.

–¿Te pegaron?

–No. 

–¿Seguro? ¿Padeces alguna enfermedad?

–No.

–¡El que sigue!              

Después te pasan a lo que crees  será tu habitación “¡Apúrale!”…Cuando te grita un hombrecito de un metro y medio, es difícil saber qué hacer, o te sonríes  o te carcajeas. Mis compañeros de celda al igual que yo fueron  interceptados en Reforma y Eje Uno Norte, cada uno contó su historia, al principio éramos  ocho, para cuatro literas de cemento, después siguieron los lamentos –Vale madres, mi vieja debe estar que se la carga la chingada. Otro decía –Pero quién me manda a votar por el PRD, pinche Ebrad hijo de su puta madre. –Ya sálgansen, por allá, pásenle… por la puerta–, interrumpe la voz del chaparrito que ordena.

Por fin entramos al afamado patio del Torito. Diversidad total: Señores, ancianos, adolescentes, teporochos, fresas,  rastafaris, chacas. Todos diferentes, pero unidos por los mismos gustos, a todos nos atrae el Leteo enfrascado.

En la hora de la comida muchos evitaron acercarse al comedor, el hambre pudo más que mi decoro,  comí. La comida no tiene sabor, parece que  el chef olvida los condimentos; la sal, el epazote, el perejil, etcétera. Aparentemente es gratis, pero no es así, con lo que se paga de arrastre y derecho de piso…  deberían comprar un costal de sal. Había sólo dos tiempos, la sopa y el plato fuerte (albóndigas). Completaban la charola unas cuantas tortillas y de postre un Bocadín.  Dijeron que el lavaplatos había faltado, por lo que cada quien debía lavar su cada cuál (su charola y su vaso).

–Pinche gobierno no va a controlar mi forma de chupar. Pa la otra me voy a fijar en el Twiter donde están los retenes. Alguien más decía –pus namás vete por avenidas que tengan salidas continuas, y si tomas avenidas grandes agarra la lateral paque no te puedas salir o echar en reversa.  Después cayó la lluvia de ideas de cómo evitar volver  a caer, ¡claro que se aprende! Esas medidas preventivas, las dejaremos para otra ocasión.  

Nos comienzan a formar para ingresar a las celdas, después de pasarnos lista, abren los dos largos pasillos donde están las celdas, (aproximadamente unas quince o veinte celdas por pasillo). Comienza el corredero, todos empujándose para agarrar un pedazo donde sentarse o recargarse, mis compañeros con los que ingresé y yo, tomamos una celda, éramos ocho, luego diez, quince, veinte, muchos de pie, otros recargados, algunos sentados en un rincón, otros debajo de las literas inferiores, los demás, como yo, sentados sobre las literas.

El calor es más  que intenso, el techo es de lámina (obviamente resguardado por protecciones de hierro dulce),  el sudor sofoca, no deja dormir a los que podríamos hacerlo por la posición privilegiada. Las caras son de tedio, de resignación, de hastió. Un huésped anterior altruistamente dejó su periódico para los venideros, lo descuartizamos y lo vamos cambiando hasta terminarlo colectivamente

–¿Qué hora será?

–Yo metí un reloj sin que se dieran cuenta–, contesta Brandy.
 Desde ese momento el tiempo se estiró, no faltó quien  lo asediara cada quince minutos para preguntarle la hora.

La celda, de por sí pequeña, con tantos habitantes se volvió diminuta, más calurosa e insoportable. Las caras de los demás reflejaban la mía, en silencio ellos se reprochaban al igual que yo –Vale madres, por qué me fui por el Eje Central, pudiendo agarrar Cuba y salir derechito, todo por ver cómo destruyeron Garibaldi con esos vitrales tan espantosos. Me arrepiento de no haberle ofrecido más dinero al policía que me mandó a la línea

–Tengo cien pesos oficial.

–¡Pus qué pasó!, mínimo es una Sor Juana, pásele joven.

Confiado estaba de pasar la prueba ¡Por dos bolas!, sería el colmo. En la celda reina el silencio. 

De repente en otra celda se escucha "Pepe el toro es inocente". Sólo faltaba una chispa para revivir a la multitud, comienzan las bromas, los albures, y la plática que aligera el tiempo, contando chistes y anécdotas (obviamente de borrachos), divirtiéndote un poco donde no deberías, es la forma más eficaz de burlarte del gobierno y de sus normas. Es la subversión.  El aire se aligera un poco.   

Algunos comienzan a salir, porque es la hora de visita, familiares y amigos vienen a dejarles comida decente a los recluidos. Por fin me puedo mover con más libertad sin chocar con el hombro de alguien. Pasa la hora y se vuelven a llenar las celdas.

Grita el chaparro "Sálgansen, cabrones". Llegó la hora de la cena. No me atreví a comer para no atreverme a usar el baño, que no es necesario describir por dejárselo  a la imaginación del lector.  Abrieron la sala de juegos de mesa, pero sólo hay cupo para veinte personas. Existe una biblioteca. Aunque no estaba de humor para leer, decidí  que era lo mejor que podía hacer, además ya me quedaban pocos cigarros. Intente girar la manija, mas nada.

Cerrada. Seguramente era el lugar menos visitado, probablemente encontraría sólo libros de Alcohólicos Anónimos.

Se repite el tiempo, como si fuera en círculos. Pasan lista. Corren todos. El bochorno,  el tedio, el reproche,  el bochorno, el tedio, el reproche, el bochorno, el tedio, el reproche,  el bochorno, el tedio, el reproche. Así hasta que Ron rompe el silencio.

–¿Tú a qué hora sales, carnalito? 

– A las once treinta y cinco se cumplen las veinte horas que me echó el juez en el MP, le digo. 

–Cómo son ojetes, deberían contar desde que te agarran, no desde que pasas con el puto juez, yo me pasé una hora y media esperando turno… Estaba hasta la madre.

Interrumpe la conversación un grito de tedio, una brisa de bochorno, y un reproche envejecido, que se metamorfosea durante el hastío en resignación.  El tiempo avanza en círculos. Algunas palabras triviales seguidas de un silencio, un silencio seguido de palabras. Grita el guardia  los apellidos de Vodka, que  era uno de mis compañeros de celda, cortésmente se despidió de mano de cada uno de sus acompañantes que al principio le causaron empatía, al final quizá simpatía. La rechifla en otras celdas comienza al ver su acción. –Órale wey, luego les pides el teléfono, ya llégale…

Con el tiempo atrofiado se van vaciando poco a poco las celdas, grita el pigmeo –Ramírez Ortega, Preciado Luna,  etc. Sálgansen ya.  Los que salimos en horas cercanas (con diferencia de cinco a diez minutos) sabemos que tenemos que cruzar el parque de Tacuba para llegar al metro, preocupándonos más por lo que hay afuera, decidimos esperarnos en la salida para cruzar aquel peligroso trecho  juntos.

–Aquí están sus cosas -mi poco efectivo estaba intacto-, namás váyase con cuidado porque roban, no pase por el parque, camínele rápido. Al ver el umbral me alegro de estar a punto de salir, al salir y ver el parque habitado con lejanas siluetas, ya no me alegro tanto, pienso que quizá sea más seguro el interior. Me cruzo con los ojos de mi copiloto. Recuerdo que afuera ya no estoy tan solo. Me hago fuerte y cruzamos ya sin miedo. Es sencillo sobrevivir adentro del Torito, afuera, ya no lo es tanto.

Por fin ya estoy rehabilitado y prevenido para no volver a caer, Pulque cayó tres veces, pero a sus sesenta y cinco años dudo que utilizara el Twiter.

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Otro nocturno de la casa

Takeshi Edmundo López

La noche me vigila con sus millones de ojos
su mirada irradia eléctricos silencios.
Los colores huyen entintando la casa
con la negrura de su ausencia.


Han dado cuatro pasos las agujas
desde la media noche
seco por la vigilia
deambulo sediento
de beber el sueño fresco de las luciérnagas.
Un rayo invisible
que parte la nube de lo onírico
me mantiene biseccionado
y en el deslumbramiento enceguecedor de lo estático
la vigilia me moja los ojos
y me obliga a mirar dispersamente el vacío
vagar por los rincones donde se ocultan
las memorias amoratadas
hundirme manso y lento
en la espesa nebulosa
de tu vaporosa falta.


El tictaqueo acaudalado de los minutos
fluye de manera abrumadora
en el momento en que nada se oye
y los espejos escupen los desastres del naufragio
en el que habito.


Me apunto con el humo de plata
y me disparo rabioso
una bala expansiva de sueño
que perfora los sucios muros del laberinto síquico
en el que profano jadeante
tu piel abierta al tacto.


Antes de dormir inhalo
la esencia parda del encierro
con que la casa me devora.


Así será la única manera
de acallar tus demonios
que arden azules
en los bordes de mi cama encendida.

Tú cómo yo somos nada del video

Tú cómo yo somos nada del video es  una apuesta que toma distancia de la figura del artista y de la idea de  obra de arte. Redefine dichas nociones al margen del espíritu de  seriedad que caracteriza la reflexión teórica del arte contemporáneo.
Esta  compilación de video-sofìas apunta en dirección del legítimo  derecho a la carcajada ante el arte que adquiere una absurda gravedad en  la medida que se define unívocamente. Aquí las diferentes  aproximaciones, desde el collage en movimiento hasta la construcción  dúplice personaje-narrativa, no requieren de megáfonos ni lugares  privilegiados para llevarse a cabo: hay que reír para mantener el  suelo. Es desde una risa autoreflexiva que el video gana ligereza, que  se torna accesible a la mirada; que se vuelve interlocutor perspicaz.
El  humor desestabiliza dogmas, quiebra terquedades, abre la puerta a la  posibilidad de renovaciòn del sentido; con el humor adecuado, se puede  hablar del aburrimiento sin aburrirse, y las cosas en apariencia  inútiles, como
las piedras, pueden devenir significativas y fundamentales para el resistir implicado en el existir.
“Desembarazarse  de la vida es privarse de la satisfacción de reirse de ella”, decía  Ciorán en uno de sus últimos aforismos. La risa, cambio de ánimo  radical, hace tolerable el accidente más funesto; sólo liberada de sus  taras por medio del buen humor, la mente encuentra su estado óptimo  para re-construír el mundo con la mirada.

Tlahuac Mata Trejo.
Los Chamos del Vídeo presentan la Exposición colectiva
Tú, como yo, somos nada del video

28 de Noviembre del 2013.
Galería de la ENPEG “La Esmeralda”

Los Chamos del Video.
Exalumnos de la ENPEG “La Esmeralda”:

Ana López.
Angel Luviano (Angel Niquefueramonstruo).
Antonio Bravo Avendaño.
Juan Carlos Armas.
Mario Ollinteotl.
Omar Casillas (El Pastelero).

Tú, como yo, somos nada del video.

Exposición colectiva en la ENPEG “La Esmeralda” Ciudad de México.

28 de Noviembre del 2013.


Galería de la ENPEG “La Esmeralda”

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Tú cómo yo somos nada del video es una apuesta que toma distancia de la figura del artista y de la idea de obra de arte. Redefine dichas nociones al margen del espíritu de seriedad que caracteriza la reflexión teórica del arte contemporáneo.

Esta compilación de video-sofìas apunta en dirección del legítimo derecho a la carcajada ante el arte que adquiere una absurda gravedad en la medida que se define unívocamente. Aquí las diferentes aproximaciones, desde el collage en movimiento hasta la construcción dúplice personaje-narrativa, no requieren de megáfonos ni lugares privilegiados para llevarse a cabo: hay que reír para mantener el suelo. Es desde una risa autoreflexiva que el video gana ligereza, que se torna accesible a la mirada; que se vuelve interlocutor perspicaz.

El humor desestabiliza dogmas, quiebra terquedades, abre la puerta a la posibilidad de renovaciòn del sentido; con el humor adecuado, se puede hablar del aburrimiento sin aburrirse, y las cosas en apariencia inútiles, como

las piedras, pueden devenir significativas y fundamentales para el resistir implicado en el existir.

“Desembarazarse de la vida es privarse de la satisfacción de reirse de ella”, decía Ciorán en uno de sus últimos aforismos. La risa, cambio de ánimo radical, hace tolerable el accidente más funesto; sólo liberada de sus taras por medio del buen humor, la mente encuentra su estado óptimo para re-construír el mundo con la mirada.

Tlahuac Mata Trejo.

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