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Mexicano lindo y querido

Ríos. A.

El chingón o el pelado solían ser identificativos de la personificación del mexicano como un ser al que se le podía describir según su forma de actuar ante las problemáticas de la vida cotidiana. Por una parte está aquél que se chinga a tu madre, ése que sustituye la figura del padre y que sólo le basta sentarse en el sillón grande para rascarse los huevitos, zapear al hijo (que es el hijo de la chingada) y nalguear a la madre a la que uno nunca se imagina mamando vergas del muy vergas cínico padre espurio que recarga su licor en el lomo de la jefecita santa ya cansada de tanto soportar, de tanto fregar pero también de tanto mamar. ¡Ay que chingón! Por otro lado está el pelado, el que se pela y el que huye porque se la pelan; entrón por naturaleza pero siempre anónimo entre la muchedumbre iracunda, seguro si alguien tira la primera piedra es este personaje, luego esconde la mano, luego se ríe y luego se va. Los dos por supuesto gritarán con alegría por su independencia.

Alguna vez leí en algún lado que el mexicano suele indignarse tanto por las injusticias cometidas como por la violencia generada por la lucha contra esas injusticias, ambas cosas le afectan por que se vive en la armónica tensión de estos polos; colapsa si le quitas la dignidad pero también, en todo caso, si se le intenta dignificar. Casi como hacer el llamado a una marcha en donde lo que se quiere es transitar libre y rápido en el automóvil cuya gasolina tanto cuesta. Pinches gringos por un lado, pero que Horror de Cuba dicen las señoras letradas y los estudiantes burros.

El punto es pertenecer a algo. Impotente en la masa escandalosa el individuo sólo puede experimentarse a sí mismo si esta mediado socialmente; es así como todos los quince del mes de septiembre es un imperativo social gritar aunque sea un ¡Viva México! Porque México no es igual a corrupción, porque México no falla, lo que fallan son las personas, porque México es siempre lindo y querido y tú, joven insolente debes gritar (ya sea ¡Viva! Ya sea ¡Gol!). Es de esta manera como un simple ¡Viva México! se equipara al simple grito de ¡Barrabás! con el que se crucifican carpinteros insolentes. ¡Barrabás, liberen a Barrabás! ¡México, que viva México! Como si México fuera México sin sus chingones y pelados (Por cierto que para pelados, Barrabás). 

Y por cierto que el grito es el mismo que el de Free Pussy Riot cuando lo que habría que gritar es Free your own mother´s pussy riot si es que el dicho éste de que el cambio empieza por uno mismo es verdad. Dice Zizek: Los parques hacen más soportables las prisiones para aquellos que no están presos. En este punto todos leemos el ¡No pasarán! desde nuestros parques. Y sigue Zizek (ya para finalizar y pelarme de aquí): Sin embargo, para la gente de temperamento libre, espontáneo, sereno y despreocupado, aquellos que consiguen extraer la libertad como privilegio de la falta de libertad, el lenguaje tiene un nombre apropiado: insolente. Y hasta con esto nos sentimos inevitablemente mal.