Si alguna vez me senté jubiloso sobre la tumba de los viejos dioses, bendiciendo al mundo, amando al mundo, junto a los monumentos de los viejos calumniadores del mundo (pues yo amo incluso las iglesias y los sepulcros de dioses, a condición de que el cielo mire con su ojo puro a través de sus derruidos techos; me gusta sentarme, como hierba y
Friedrich Nietzsche, Así Habló Zaratustra
roja amapola, sobre derruidas iglesias)…
