Takeshi Edmundo López
La noche me vigila con sus millones de ojos su mirada irradia eléctricos silencios. Los colores huyen entintando la casa con la negrura de su ausencia. Han dado cuatro pasos las agujas desde la media noche seco por la vigilia deambulo sediento de beber el sueño fresco de las luciérnagas. Un rayo invisible que parte la nube de lo onírico me mantiene biseccionado y en el deslumbramiento enceguecedor de lo estático la vigilia me moja los ojos y me obliga a mirar dispersamente el vacío vagar por los rincones donde se ocultan las memorias amoratadas hundirme manso y lento en la espesa nebulosa de tu vaporosa falta. El tictaqueo acaudalado de los minutos fluye de manera abrumadora en el momento en que nada se oye y los espejos escupen los desastres del naufragio en el que habito. Me apunto con el humo de plata y me disparo rabioso una bala expansiva de sueño que perfora los sucios muros del laberinto síquico en el que profano jadeante tu piel abierta al tacto. Antes de dormir inhalo la esencia parda del encierro con que la casa me devora. Así será la única manera de acallar tus demonios que arden azules en los bordes de mi cama encendida.