Digo “yo” como si de mí se tratara siempre. Y lo digo con una certeza que últimamente me ha parecido aterrante, porque ellos usan la misma palabra para referirse a sí mismos. Yo es de todos. Pero ellos son como cualquier ratón que pulsa la palanca para obtener comida y eso les divierte. Creen tener el control y ponen puntos finales donde yo veo salvación.
Te invito a que me ames con una imaginación desmesurada y febril.
Tengamos un encuentro de palabras cómodas y tentaciones estoicas, que sin embargo lleve al clímax tu ambiciosa sed de conversaciones trascendentales.
No te arruinaré la cena con un rostro apetecible, ahórrate la energía del tartamudeo y las mariposas efímeras.
Nunca olvidarás el consuelo de besarme con los ojos cerrados y de amarme sin intermediarios.
Conocer a Juan coincidió con la muerte de mi
abuelo (el que me contaba cuentos de hadas y
me hacía el desayuno más delicioso. El que me
llevaba diario a Chapultepec luego de que mi
perro muriera). Pobre Juan, hacía todo por
sacarme del trance, sólo un esfuerzo sobre
humano pudo hacer amigable nuestra estancia
en esos días de duelo.
Collage: ODE-PRJM
Al fin tengo algo en la vida: La proyección de mis dientes desencajando las yugulares de mis contemporáneos creyentes del arte por el arte, del aura y de la escritura cuneiforme, codificada, monomaniaca, o no sé qué mamadas sublimes o "irreverentes" del mundo moderno, pos-moderno y últimamente vintage.