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Paulo: la llave de la autenticidad o Manifiesto reescribista

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Erick García 

Toda la historia de la literatura es modificar los textos ya escritos”
Vila-Matas

Escribir sobre las grandes obras literarias siempre ha sido algo muy complicado: primero, porque los críticos, investigadores, eruditos y académicos descifraron, decodificaron e interpretaron acertada y absolutamente todo. Al final, terminas enterándote de que el autor tenía miles de referencias bíblico-pedófilas, amaba la guerra, era nazi, cojo, reaccionario, le pegaba a su mujer y, aparte, ha sido sobrevalorado, lo cual te frustra, dado que era tu ídolo.

En segundo lugar, los fanáticos y puristas del ínclito escritor te atacarán, ya sea que exaltes las virtudes o menciones sus debilidades: si no tienes las credenciales que te acrediten para realizar una crítica, serás considerado un entusiasta descarriado, y, por supuesto, sin autorización; así que nadie te tomará en cuenta. 

En tercer lugar, tus amigos, también ingenuos entusiastas, te criticarán por perder el tiempo en temas tan trillados y complejos que ya trataron las mejores plumas; dedicando mamotretos enteros, y hasta capítulos que explican sólo el título de la obra. No faltará quien te diga: “Mejor busca escribir notas periodísticas para que te alivianes”. 

Si eres tenaz o bruto y no escuchas el consejo del hipotético amigo antes mencionado, todo te inclinará al precipicio de los autores underground, que fueron soslayados en su tiempo, pero gracias a la innata curiosidad de un bondadoso investigador que los rescata puedes leer a alguno en una modesta edición, que encontrarás resguardada en un recóndito acervo bibliográfico. 

Después de obtener todos los permisos y trámites para acceder a ese ejemplar, llega otro descubrimiento: lo único fabuloso de aquel autor era su anonimato. Entonces, te darás cuenta de que no eres mejor que los melómanos que buscan las versiones más extrañas de las canciones menos conocidas para paladear tus palabras cuando respondes: “No la conozco. Nunca había oído esa rola”.

Algunos eligen el camino de la sinrazón, y continúan escribiendo sobre ese autor desconocido, por tanto, con seguridad, en unos años alguien en la misma situación retomará el trabajo, hasta que un día esa condena recaiga en un empresario que lo reedite y lo venda al por mayor a todos los snobistas del futuro. Por fortuna, para entonces estarás muerto, pero… ¡Imagina eso!, te cagarías del coraje, como los que dicen: “Bahhh, yo oía a Pink Floyd desde que era morro, y nadie lo conocía. Ahora, cualquier pendejo lo escucha”.

En caso de que tu espíritu sea como el mío, te aconsejo no rescatar a ningún escritor del olvido, sea bueno o malo. Mejor guarda esos nombres para impresionar a hipsters o damas cultas. ¿Bastará con que te recuerde el dicho “no le des margaritas a los cerdos”? Sé paciente, y mejor que alguien te rescate a ti, o por lo menos que te regale una mención en alguna revista de culto para que trasciendas.

Por otra parte, si persigues a la innovación y la originalidad, es momento de que te preguntes sobre qué escritor conocido no se ha escrito nada. Deja de lado si éste es bueno o malo en su oficio; lo importante es tu texto. De esa manera, no sólo rescatas, sino que regeneras una obra mediante sólidos argumentos para revalorizarla, y no te estancas en la clásica escritura interpretativa que opaca los múltiples sentidos literarios. Además, considera el reto de defender lo indefendible, ¿no te gustaría el mote de Novo Sócrates? En caso de que tu capacidad argumentativa sea débil o el texto sea insalvable, siempre habrá otro camino: reescribirlo.

Redactar un texto concienzudo, analítico, sensato, pero sobre todo con calidad literaria, acerca de una obra que el stablishment considera de poca monta no es poca cosa. Queda una vasta agenda de autores mexicanos que no se han estudiado lo suficiente, y te invitamos a reescribirlos o revalorarlos, entre ellos, Carlos Cuauhtémoc Sánchez, Guadalupe Loaeza, Ángeles Mastretta, Elena Poniatowska, Héctor Aguilar Camín, Enrique Krauze… En fin, la lista es larga. 

Sin duda, los academicistas, intelectuales y reaccionarios fingirán no entender la originalidad de esta nueva empresa. Nos despreciarán, mas el sendero a la autenticidad no es sencillo. Como era de esperarse, se han unido a nuestra causa muchos jóvenes artistas cansados de las formas monolíticas. Algunos aseguran que debemos llamarnos infrarregeneracionistas, otros prefieren realrrevaloristas. Aunque nadie está seguro de esos prefijos. Yo supongo que el nombre más adecuado sería reescribistas-revaloristas, pues describe fielmente nuestro trabajo, y así no nos llevamos ningún rescate entre las patas. 

Primer texto reescribista-revalorista
A manera de ejemplo, publicamos la primera obra de este nuevo género, que versa sobre el título de la novela del maestro Paulo Coelho, llamada El aleph, y esperamos que te conmine a participar en esta vanguardia tardía.

Da clic en este enlace para leer mi ensayo completo sobre el título de la obra del maestro Coehlo.