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Poema en línea recta

Álvaro de Cámpos – ­ Pessoa


Nunca conocí a nadie a quien le hubiesen roto la cara.

Todos mis conocidos fueron campeones en todo.

Y yo, que fui ordinario, inmundo, vil,

un parásito descarado,

un tipo imperdonablemente sucio

al que tantas veces le faltó paciencia para bañarse;

yo que fui ridículo, absurdo,

que me llevé por delante las alfombras de las formalidades,

que fui grotesco, mezquino, sumiso y arrogante

que recibí insultos sin abrir la boca

y que fui todavía más ridículo cuando la abrí;

yo que resulté cómico a las mucamas de hotel,

yo que sentí los guiños de los changadores,

yo que estafé, que pedí prestado y no devolví nunca,

yo que aparté el cuerpo cuando hubo que enfrentarse a
puñetazos.

Yo que sufrí la angustia de las pequeñas cosas ridículas,

me doy cuenta que no hay en este mundo otro como yo.

La gente que conozco y con la que hablo

nunca cayó en ridículo, nunca fue insultada,

nunca fue sino príncipe – todos ellos príncipes – en la vida…

¡Ah, quién pudiera oír una voz humana

confesando no un pecado sino una infamia;

contando no una violencia sino una cobardía!

Pero no, son todos la Maravilla si los escucho.

¿Es que no hay nadie en este ancho mundo capaz de confesar
que una vez fue vil?

¡Oh príncipes, mis hermanos!

¡Basta, estoy harto de semidioses!

¿Dónde está la gente de este mundo?

¿Así que en esta tierra sólo yo soy vil y me equivoco?

Admitirán que las mujeres no los amaron,

aceptarán que fueron traicionados – ¡pero ridículos nunca!

Y yo que fui ridículo sin haber sido traicionado,

¿cómo puedo dirigirme a mis superiores sin titubear?

Yo que he sido vil, literalmente vil,

vil en el sentido mezquino e infame de la vileza.

Testimonio

Takeshi Edmundo López

Sale de mi garganta el recuerdo de las aves,

aquél que a los alacranes arrulla

y clama el territorio de los lobos. 


Pareciera un presagio arrancado

de la pupila de un arúspice,

pero es un archipiélago náufrago,

inaudito. 


Uno quisiera que así nada más

se desnudaran los ojos

como lámparas encendidas,

que brotaran capullos de aves en parvadas. 


No saben

que se horadan las venas,

sientes un cárcamo

socavando tus entrañas

y la aorta te florece en llamas

y estás solo

y deambulas embrutecido de derrotas

y callas para no incendiar la casa.


A veces hay que poner la cara al polvo

y en el sigilo de una vela

hacer una canción crepuscular

para abrir las jaulas,

mirar la sinfonía de las alas,

llorar de tanto azul derramado

y clavar el sol en las ventanas.


Aparentar ser un tótem

siendo casa de cristales

y romperse irreparablemente con la lluvia.

La luz ramifica en las paredes

y canta la canción de los matices,

nosotros con las bestias dormidas

en la hierba portentosa,

intentamos no arrancar caparazones

ni lapidar a los beodos de sí mismos.


Parado estoy en la línea invisible

de la espuma y la arena.

Sombrero

Benjamín García

Compadre te he visto compadre

Agarrando furias y leyendo personas

Luego vas y sorbes tequila

Para crear ríos a sombrerazos

Mas veo al ahijado evaporarse

No hay lunas frondosas

Cien mujeres hacen fila

Quieren frotar sus penas en bigotes

Y no has llegado compadre

Los frijoles anhelan ira

Han tornado en moho

Y la noche y la estrella llevan

Guitarras de a jinete

Un hebillazo nos cuenta

Compadre te he visto compadre

El balazo lavó la deshonra

Percudida la mancha

Y chile y tortilla pa’l cielo

Ahora la virgencita rosa

Ya no se puede casar

Compadre te he visto compadre

Y la comadrita

Me viene a cocinar

De la muerte de una lágrima

Tláloc Correa

Terrible muerte,

aquélla, que se llevó a cabo,

en el apacible espacio

existente entre

tus ojos y tus labios.


Como el rocío 

en el pétalo por la mañana,

surgió así la lágrima

en el albor de tu mirada.


Como la gota abandonada

por la última lluvia

que se aferra al filo

de la rosa espinada;

esa lágrima tuya,

consciente del destino, 

que a ella le esperaba,

tu rostro con fuerza sujetaba.


En las orillas donde muere, pálida, tu mejilla

y nace, en rubor, tu sonrisa;

ahí, serena, suspendida,

la lágrima agotada por la vida 

de tu faz se desprendía.

Otro nocturno de la casa

Takeshi Edmundo López

La noche me vigila con sus millones de ojos
su mirada irradia eléctricos silencios.
Los colores huyen entintando la casa
con la negrura de su ausencia.


Han dado cuatro pasos las agujas
desde la media noche
seco por la vigilia
deambulo sediento
de beber el sueño fresco de las luciérnagas.
Un rayo invisible
que parte la nube de lo onírico
me mantiene biseccionado
y en el deslumbramiento enceguecedor de lo estático
la vigilia me moja los ojos
y me obliga a mirar dispersamente el vacío
vagar por los rincones donde se ocultan
las memorias amoratadas
hundirme manso y lento
en la espesa nebulosa
de tu vaporosa falta.


El tictaqueo acaudalado de los minutos
fluye de manera abrumadora
en el momento en que nada se oye
y los espejos escupen los desastres del naufragio
en el que habito.


Me apunto con el humo de plata
y me disparo rabioso
una bala expansiva de sueño
que perfora los sucios muros del laberinto síquico
en el que profano jadeante
tu piel abierta al tacto.


Antes de dormir inhalo
la esencia parda del encierro
con que la casa me devora.


Así será la única manera
de acallar tus demonios
que arden azules
en los bordes de mi cama encendida.

Nacer al abismo

Takeshi Edmundo López R.

Lo dijo Vallejo en algún escrito:

“nacer es ir cayendo en un abismo”.

La muerte no conoce de heroísmo

y saber su razón siempre es un mito,

el obstáculo imparable, infinito.


La vida es un simulacro no un sismo,

uno tiende a exagerar el dramatismo

ahogándose uno mismo con su grito.


Sentido de la vida no hay ninguno,

“ir cayendo” es el único objetivo;

la triste excelsitud que tiene uno

de darle gran valor a un mal motivo,

he ir sabiendo como si fuera ayuno:

que somos nada en un espacio vivo.

Pobres poetas

Jorge Alva

Después de leer a Ricardo Castillo,

entados en mi sillón y fumando un cigarrillo, Ella me dijo:

¡Juguemos a ser poetas!

Le respondí que no era juego, que los poetas sufrían mucho entre tanto alcohol y mujeres,

Que todas esas galas, recibimientos, flores y premios duelen, como dardos de claveles.

¡Ay de mí! Acabo de ganar el premio Jaime Sabines y ya no sé qué hacer,

¡Ay de nosotros! Con nuestras residencias artísticas en París, Madrid y Budapest.

Cómo sufrimos bebiendo cognac, mientras conducimos a toda velocidad,

en nuestros autos con el valor monetario de las casas de muchos más.

Es  terrible levantarte todos los días en tu casa de Las Lomas, sin saber  qué hacer con tantos libros y billetes, panegíricos y cheques, joyas y  poemas regados por todas partes.

Y preguntarte por qué ¿por qué la  gente no lee poesía? Por qué no pueden todos levantarse hasta medio  día, tomar un libro y ponerse a leer, hasta que llegue el mozo a  preguntarte: la cena está lista ¿quiere usted comer?

Terminé mi  desdichada descripción con un suspiro, Ella guardó silencio por un  minuto y luego se iluminó su rostro, con el brillo de quien resuelve el  enigma de la esfinge: ¡Ya lo tengo!-gritó-vámonos por la vida,  cogiéndonos jefas de redacción para que nos publiquen.

Tiro de gracia

El Señor de los Cielos

Cegado entre asestado golpe duro,

el cuerpo cae violento sobre loza,

se funde el plomo, el silencio goza;
rebota el cráneo entre piso y muro.

La pierna tensa y el dolor oscuro

caliente gota que veloz destroza;

el alma siente que la hoz la roza
sintiendo así venir final seguro.

Hampón que tomas el papel de muerte,

decides sentenciar con el retiro
con súplica la voz viene a temerte,

se llena el pecho de un largo suspiro,

-el brazo rígido apuntando inerte-
temblando espera el último tiro…

Cuatro etapas del sexo amoroso o el amoroso sexo

compilado por Escalot

La primera etapa

La mano de Onán se queja

Yo soy el sexo de los condenados.

No el juguete de alcoba que economiza vida.

Yo soy la amante de los que no amaron.

Yo soy la esposa de los miserables.

Soy el minuto antes del suicida.

Sola de amor, mas nunca solitaria,

limitada de piel, saco raíces…

Se me llenan de ángeles los dedos,

se me llenan de sexos no tocados.

Me parezco al silencio de los héroes. 

No trabajo con carne solamente…

Va más allá de digital mi oficio.

En mi labor hay un obrero alto…

Un Quijote se ahoga entre mis dedos,

una novia también que no se tuvo.

Yo apenas soy violenta intermediaria,

porque también hay verso en mis temblores,

sonrisas que se cuajan en mi tacto,

misas que se derriten sin iglesias,

discursos fracasados que resbalan,

besos que bajan desde el cráneo a un dedo,

toda la tierra suave en un instante.

Es mi carne que huye de mi carne;

horizontes que saco de una gota,

una gota que junta

todos los ríos en mi piel, borrachos;

un goterón que trae

todas las aguas de un ciclón oculto,

todas las venas que prisión dejaron

y suben con un viento de licores

a mojarse de abismo en cada uña,
a sacarme la vida de mi muerte.

Manuel del Cabral

La segunda etapa

Las Nalgas

La mujer también tiene el trasero dividido en dos,

pero es indudable que las nalgas de una mujer

son incomparablemente mejores que las de un hombre,

tienen más vida, más alegría, son pura imaginación;

son más importantes que el sol y dios juntos,

son un artículo de primera necesidad que no afecta la inflación,

un pastel de cumpleaños en tu cumpleaños,

una bendición de la naturaleza,

el origen de la poesía y el escándalo.

Roberto López Moreno

La tercera etapa

Lugares sin nombre
                                           donde

Lugares que llevan recuerdos, cardones de memoria supónenme oculto    no reine
                                               ¿dónde
                      habitas en silencio?
                                                            ¡Asómate otra vez de mis ojos!
Rezumas
del cuerpo, crecen hiedras de la esperanza. Mientras azuzo a l  olvido tú acechas.
Usurpas
deseos cuyas sombras te nombran,
las sigo y me asombro del adorno de sangre en los                                                                      ojos.
Te espero

sin que espere, camino hacia ti sin moverme.

Te beso y no te beso.

Te invento,

sólo eso dejaste, poder hacerte lo que quiera

desde mi tormento truculento, transgredir tu sonrisa en mueca, tu dolor en eternidad.

Te miro

cuando quiera,

desde donde quiera, aveces vives

aveces mueres. Pero prefiero verte con esa mirada perdida, ausente, triste, fijamente

apuntando a cualquier ventana mientras me recuerdas dormida.

Dolientes; rescindo llamándonos,
                                                                                           luego…

Te deshago

y te hago espejo de luces movimiento,

diamantina que fue polvo brillando en noche de entierros, Dionisio cavando en tu cuerpo de hierro, ángel de fuego en centro del cielo; tragando tus besos, moliendo tu cuerpo de espuma con lumbre y veneno.

Termino

en espejismos,

con un salto en la cama descubro en ensueño verdad o
mentira

confrontándose en otro                          

            anochecer
                                                        de
                                                              sempiternas
                                                                                    exequias.
Utherpendragón

Última etapa

Tal vez una mañana

caminando en un aire de vidrio

árido, volviéndome, veré cumplirse el milagro:

La nada a mis espaldas, el vacío

detrás de mí, con terror de borracho.
 
Luego, como en una pantalla, se detendrán de pronto

árboles, casa y colinas para el consabido engaño.

Pero será muy tarde y me iré silencioso,

entre los hombres que no se vuelven, con mi secreto.
Eugenio Montale