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Brevísima reflexión sobre el auto, el narco y la lengua

RC

Rigores aparte, suelen utilizarse como sinónimos los conceptos idioma y lengua.  Ambos refieren a la utilización de un sistema de asociación de sonidos,  ideas y gestos que utilizan las sociedades humanas entre sí para  comunicarse. Entiendo y comparto desde ya lo controvertido y arriesgado  que puede ser dar un intento de definición tan sencillo, pero para  complejidades entremos a textos especializados en lingüística. 

Para efectos de entendernos pronto y sin sentarnos a llorar por no  coincidir en definiciones rigurosas, les digo que me gusta más el  término lengua porque es una palabra con erotómana intención, medio  alburera de origen (lengua: me la paso por…), lúdica y lujuriosona. Pero  cuando se viste de seria, suele tener reglas que, más que estrictas,  son aclaratorias y muy lógicas.

Así que permítanme que esta  lengua rinconera reflexione acerca de la utilización de ella: si quieres  usarla bien, practica mucho.

Hay prefijos que forman  palabras tan famosas que esa nueva palabra utiliza el prefijo que le dio  origen y lo transforma en un prefijo nuevo, con todas las  características y usos de cualquier otro prefijo de rancio abolengo.  Como esto suena un poco enredado, lo ejemplifico para aclarar lo  aparentemente encriptado, y con tal fin me valgo del prefijo auto-, que significa “propio” o “por uno mismo”.

Cuando uno hace un retrato de sí mismo, produce un autorretrato (escribir las palabras retrato y autorretrato  me da pie para hablar acerca del uso de la doble r, aparentemente algo  sencillo pero utilizado muy deficientemente en el español escrito; será  en otra ocasión); si me controlo, tengo autocontrol; la autoestima  es una mina de oro para “escritores” que enseñan a potenciarla. Como se  puede suponer e imaginar, hay una cantidad muy grande de ejemplos del  uso del prefijo auto-. 

Una de esas palabras es automóvil,  cuya definición, según el Diccionario de la Lengua Española, es: “que  se mueve por sí mismo. Se dice principalmente de los vehículos que  pueden ser guiados para marchar por una vía ordinaria sin necesidad de  carriles y llevan un motor, generalmente de explosión, que los pone en  movimiento.” Se entiende el sentido del prefijo; sin embargo, al paso de  los años la palabra automóvil se volvió tan común y usual que,  tendientes al facilismo como somos todos los humanos, decidimos acortar  la palabra y dejarla en auto: “qué bonito auto nuevo; súbanse al auto  que ya nos vamos”. En ambas frases queda claro que se está hablando de  un automóvil, nadie podría confundirse y creer que se está hablando del  prefijo, sería un sinsentido.

No conforme con ello, esa nueva palabra acortada de la original, dio origen a un prefijo con un nuevo significado: auto-  como automóvil. Así, nacen las autorrefacciones, los autolavados (es  difícil imaginar que alguien piense, en los dos ejemplos anteriores, que  una persona está formando refacciones para sí misma o que hay locales  para que la gente vaya a “autolavarse”); es decir, ahora el prefijo auto-  ya tiene una nueva significación por el uso más común y extendido de  una de sus palabras formadas por su significado original.  

Algo similar pasa con el prefijo narco-, derivado de narcótico, que significa droga y también sueño  (como en narcolepsia). Así, tenemos a la policía de narcóticos, que  busca drogas escondidas, y tenemos a sus rivales: los narcotraficantes,  es decir, quienes trafican drogas. 

Gracias a la  increíblemente bien organizada, a prueba de fallos, incorruptible y  profesionalísima “guerra contra la delincuencia organizada” (como  rimbombantemente fue llamada esa suerte de volado contra la muerte que  se echó el gobierno de Calderón al enfrascarse en una batalla sin un  estudio logístico, sin cuerpos policiales competentes, sin estudios de  confianza al personal que intervino, en fin, una condena a la sociedad  inocente que acabó pagando con muchos litros de sangre y vidas la  incapacidad y la sed de protagonismo de unos cuantos estúpidos  egocéntricos, dipsómanos y ojetes), cada día la palabra narco se  va más, en el imaginario colectivo, a la figura de la persona que a su  origen etimológico. Así, tenemos que decir solamente narco, es  referencia necesaria al individuo que se dedica a traficar con drogas de  cualquier naturaleza.

Se ha adaptado tanto el nuevo  referente de esta palabra, que ahora ya narco se utiliza en una forma  inimaginada antes; ahora hay narcocorridos, narcotúneles, narcofosas y narcoquién-sabe-qué-más.  Por supuesto, sería tonto suponer que se refiere a canciones que hablen  de una medicina milagrosa o que hay fosas para sepultar alguna droga.
Para  concluir baste decir que los ejemplos anteriores son una buena prueba  de la evolución, adaptación y refrescamiento del idioma. El día en que  el lenguaje se quede estático, morirá.