Un personaje incómodo siempre es bienvenido en la antesala del morbo. Actualmente asimilado, el Marqués de Sade en sus orígenes fue repelido por cuestionar la falsa integridad del ser humano. Luego de dos siglos de exponer sus lúbricas aspiraciones, es representado sin velos en esta obra provocativa e incitante, en un escenario íntimo en el que nos compenetramos con la actuación intermitente del protagonista.
Es inevitable sentir que el dejo de perturbación en las butacas, es un atinado homenaje a Sade, y la alegría con que uno celebra la perturbación de ciertos mojigatos es invaluable.
Guión: Luis Ernesto Navarrete
Dirección: Laura Mirandé
Última función: Domingo 30 de marzo
Centro Cultural El Foco
Hay un tipo de teatro con el cual uno se deja llevar por las acciones y se pierde en el velo estético con la pretensión de una sublimación que adormece y despega de la realidad, uniendo al público presente con el escenario y sus actores, brindándonos momentos casi terapéuticos.
Música de balas y el teatro documental de donde viene, no es un teatro de este tipo.
Sin más tela que la realidad sombría de la violencia que un país vive, Música de balas nos aleja de la identidad teatral y nos arroja a la vivencia de la barbarie; nos muestra a las víctimas de una guerra sin cuartel que asalta al escenario para hacer una denuncia. Y una denuncia en un país temeroso, vale más hoy en día, que la más inconsciente de las sublimaciones.
Al fin tengo algo en la vida: La proyección de mis dientes desencajando las yugulares de mis contemporáneos creyentes del arte por el arte, del aura y de la escritura cuneiforme, codificada, monomaniaca, o no sé qué mamadas sublimes o "irreverentes" del mundo moderno, pos-moderno y últimamente vintage.