Fabián Ríos
Nostalgia es lo que caracteriza aquel diálogo entre dos artistas norteamericanos en sus minutos de ocio dedicados a la degustación de un terrible café en lo que parece ser algún rincón blanco y negro de una armería (¿Por qué una armería?). Por su puesto que Taylor Mead, aquel fantástico artista de los 60 ́s, actor propiedad de las elites de la fábrica Pop y símbolo de un pasado eufórico que aún tenía el beat en sus genes, no está bien, su café es malo y sabe que pronto tendrá que regresar al trabajo, pero sobre todo él se siente apartado de la realidad, sin contacto alguno con el mundo, lo único que le llega de contrabando es el fragmento de una melodía que por sí misma expresa el cansancio de envejecer en una época como esta. Pronto la melodía de Mahler se desvanece.
William “Bill” Rice, el hombre estoico que fuma frente a Taylor, artista por excelencia del underground neoyorquino, fanático de Gertrude Stein y reinterprete de Picasso, es quien repite sin sentido alguno el recurrente pensamiento de Nikola Tesla, Nikola Tesla perceived the earth as a conductor of acoustical resonance, sin poder explicarlo, tan sólo nombra estas palabras para salir aunque sea un poco de su ensimismamiento, mostrando que, con su poco entusiasta manera de hacerlo notar, siente esa nostalgia que lo hace imaginar, junto con su compañero, que el café, el terrible café que tienen frente a ellos es Champagne.
El brindis que propone Taylor Mead es ya la confesión de su nostalgia por el categórico Paris de los 20 ́s (Joséphine Baker, Mouline Rouge), mientras que “Bill” Rice prefiere recordar el pasado vivido del final de los 70 ́s, que fueron, en sus palabras, el principio de muy buenos tiempos: “The 1970s were a misery… There was nothing there at all — except disco. So I can’t really say that nothing happened in the 1970s to me. That was the beginning of a very good time.”
De cualquier manera ambos chocan sus vasos por un pasado irrecuperable que los lleva a pensar que el café que al principio tomaban era de alguna manera insoportable.
De esto habla precisamente una mente nostálgica, de la negación de un presente insoportable y de la afirmación ilusoria, por lo tanto fugaz, de un pasado idealizado. El sabor de un trago imaginario de champagne es una delicia en comparación con el café del presente real. Pero pronto se termina, sólo quedan unos cuantos minutos de descanso (coffee break) y Taylor y Rice tendrán que regresar a lo que sea que estaban haciendo, esa es la verdad que Taylor quiere negar y la que lo lleva a aprovechar ese pequeñísimo tiempo para descansar profundamente pues el presente no sólo es nostálgico, también es cansado. Taylor se divorcia de nuevo del mundo y el mundo vuelve a captar esa melodía de Mahler “Ich bin der Welt abhanden gekommen.”

Taylor: Let’s pretend this coffee is champagne.
Bill: Why would we do that?
Taylor: Well, to celebrate life, like the rich, elegant people do